La mejor prevención es aconsejar dietas equilibradas que aporten todos los nutrientes necesarios y detectar posibles problemas de salud que puedan desembocar en estados de desnutrición.
Lo fundamental es un diagnóstico precoz para instaurar el tratamiento más adecuado lo antes posible y poder revertir, en lo posible, los daños causados por la carencia de nutrientes.
Se debe valorar al niño, su dieta y las conductas que tiene ante la comida. La curva de crecimiento y la exploración del niño dan información de gran valor sobre la gravedad del asunto.
El tratamiento será reponer los nutrientes que escasean o tratar la enfermedad de base que tiene el niño y que causa la malnutrición.
En los casos graves se puede necesitar ingresos hospitalarios y alimentación endovenosa. Puede ser necesario administrar complementos vitamínicos o enriquecidos a estos niños.
El seguimiento de estos niños debe ser estrecho.