
Los trastornos cutáneos son un problema frecuente en las personas de edad avanzada, considerándose que un 40% y en algunos estudios hasta un 60% de los ancianos presentan algún tipo de patología cutánea. La aparición de arrugas, sequedad cutánea y otras lesiones se considera normal en personas de edad avanzada, un signo más del paso del tiempo.
Sin embargo, no sólo es el tiempo el causante de la presencia de arrugas y otras alteraciones de la piel; agentes como la exposición a los rayos ultravioleta, el frío, el viento, la deshidratación, tóxicos como el humo del tabaco o el estrés son factores, a diferencia del tiempo, que son evitables o modificables.
Asimismo, es esencial la fotoprotección mediante filtros solares de aplicación tópica que absorben la energía solar y la trasforman en energía calórica. Se debe adaptar el índice de protección al tipo de piel del anciano (cuanto más clara sea la piel, más alto deberá ser el índice de protección). Este índice indica el tiempo máximo que puede estar expuesto sin quemarse. Actualmente, se recomienda emplear cremas con un índice superior a 15 o 20, sea el día soleado o no. También son útiles el uso de sombreros o gorras, máxime cuando hay alopecia.
La fotoprotección debe realizarse ya desde la infancia, ya que el efecto de los rayos ultravioleta se acumula en la piel a lo largo de los años.