
Como en cualquier problema de salud, es mejor prevenir que curar. En este sentido, varios estudios han valorado la prescripción de ejercicio físico y el mantener la actividad física como la mejor manera de prevenir la inmovilidad y disminuir el riesgo de evolución a fragilidad en personas mayores. Los beneficios del ejercicio no disminuyen con la edad, sigue produciendo un aumento de la capacidad cardiovascular, de la musculatura (tanto en volumen como en fuerza) y de la densidad ósea, disminuyen la ansiedad, la agresividad y los síntomas depresivos, y favorecen la socialización. La persona mayor que lleva un tipo de vida autónoma y activa con la realización regular de ejercicio tiene estadísticamente un menor riesgo de mortalidad. Los ancianos que han hecho ejercicio desde siempre envejecen mejor y presentan menor incapacidad funcional, su vejez es más saludable.
Es necesario estimular al anciano a mantenerse activo y proponerle que acuda a clubes de ancianos o centros de día, si es posible. Asimismo, es importante permitir al mayor que realice o participe todo lo que pueda en las actividades de la vida diaria a su propio ritmo. Hay que evitar la sobreprotección por parte del cuidador, haciendo por él las tareas "más rápido y mejor" ya que así se acelera el grado de dependencia, por desuso.
La prescripción del ejercicio en el anciano debe cumplir una serie de condiciones:
Entre las actividades recomendadas de forma general pueden incluirse caminar, montar en bicicleta, natación, golf, baile, jardinería, taichí, etc. La prescripción del ejercicio por parte de los médicos debería ser pautada (por ejemplo, caminar 5 minutos al día y subir otros 5 minutos cada semana) y diseñar estrategias individualizadas, con el tipo de ejercicio más adecuado y agradable para el anciano.
En ancianos sanos las sesiones de ejercicios deben incluir:
La actividad incluirá trabajo de flexibilidad (estiramiento), fortalecimiento y coordinación-equilibrio y posteriormente resistencia (capacidad aeróbica). Es más importante la continuidad en el ejercicio que la intensidad. Se recomienda iniciar el ejercicio dos o tres días a la semana hasta llegar hasta cinco, alternando la actividad física con situaciones de reposo. De igual manera el esfuerzo físico se irá intensificando de manera progresiva.
Respecto las ayudas técnicas para poder mantener la actividad física cuando se presentan limitaciones para realizarla, las principales son:

De cualquier manera, cuando se considere necesario el uso de ayudas técnicas, es importante consultar con un profesional del tema, sea ortopeda, terapeuta ocupacional o médico, para que aconseje cuál es la ayuda técnica más adecuada a cada caso y cómo debe utilizarse.