Prevención
Es posible romper en cierto modo el
círculo de la inmovilidad, generadora de más
inmovilidad, evitando su progresión.
Para una correcta prevención de la
pérdida de movilidad, y por tanto de la autonomía e
independencia, se debería actuar a tres niveles:
Prevención primaria
Disminuye la aparición de nuevos casos
de inmovilidad: No cabe duda que la mejor medida
preventiva para mantener el grado de movilidad es la
actividad física. Los beneficios de la realización
regular de ejercicios físicos y su influencia sobre el
aparato locomotor, sistema cardiovascular y sistema
respiratorio, entre otros, conducen al mantenimiento de
la salud. Pero no sólo va a influir sobre estos
aparatos, sino que aporta beneficios sobre el área
psicológica, aumentando la ilusión de vivir,
disminuyendo la ansiedad y los síntomas depresivos, e
influye también de forma positiva sobre el área
social, combatiendo la soledad y el aislamiento social.
El anciano que lleva un tipo de vida autónoma y
activa, con la realización regular de ejercicios
físicos tiene disminuido estadísticamente su riesgo
de mortalidad. Las personas mayores que han hecho
ejercicio desde siempre envejecen mejor y presentan
menor incapacidad funcional. Caminar es seguro y
económico, y se consiguen muchos beneficios por ello.
Es necesario estimular al anciano a mantenerse activo y
proponerle que acuda a clubes de anciano o centros de
día. Además es importante permitirle que realice y
participe todo lo que pueda en las actividades básicas
de la vida diaria, ofreciéndole que colabore en las
tareas domésticas, siempre a su propio ritmo, evitando
la sobreprotección por parte del cuidador, ya que así
se acelera el grado de dependencia.
Prevención secundaria
Disminuye los casos de inmovilidad ya
existentes: Para ello es imprescindible realizar una
evaluación diagnóstica exhaustiva, corregir los
posibles peligros ambientales y los distintos factores
de riesgo existentes. Así pues, actuando sobre el
déficit visual, revisando los fármacos, corrigiendo la
malnutrición, tratando la incontinencia, motivando al
paciente, adaptando las viviendas y utilizando ayudas
para deambular, estamos estableciendo medidas de
prevención secundaria.
Prevención terciaria
Destinada a disminuir la aparición de
complicaciones generadas por la inmovilidad: A
continuación referimos actuaciones específicas
dirigidas a prevenir las posibles complicaciones que la
inmovilidad puede desencadenar en los distintos
sistemas o aparatos:
-
Sistema músculo esquelético: Se debe
realizar cambios posturales regulares,
dirigidos tanto a la prevención de las úlceras
por presión como a aumentar el confort del
paciente.
-
Sistema cardiovascular: La movilización
activa o pasiva de forma periódica de los
músculos de las extremidades inferiores evita
la estasis venosa y las posibles complicaciones
derivadas de ello. El uso de medias elásticas
y los masajes también pueden ayudar a su
prevención. Se debe ser cuidadoso en las
movilizaciones, incorporando lenta y
gradualmente al paciente encamado, para evitar
así la hipotensión ortostática y disminuir el
riesgo de fracturas.
-
Sistema respiratorio: Mantener
incorporado al paciente, dar de comer con la
cabeza de la cama elevada y no acostar hasta
después de más de 30 minutos de la ingesta,
son maniobras importantes para evitar el riesgo
de aspiración de alimentos, y por tanto, el
riesgo del infecciones respiratorias. Además
la realización de ejercicios respiratorios
(inspiraciones profundas y provocación de
tos), junto con golpes suaves en la espalda del
anciano con las palmas de las manos ahuecadas
("clapping"), favorecen la
movilización y expulsión de las secreciones.
Además, mantener una buena hidratación,
también contribuirá a ello.
-
Sistema gastrointestinal: Se debe
intentar aumentar el apetito en lo posible,
utilizando alimentos fáciles de digerir,
cuidando su presentación, atendiendo a las
preferencias del paciente, y procurando que coma
siempre en compañía. Habrá que tener un
especial cuidado con la higiene bucal (limpieza
oral y de las prótesis dentarias). Es
importante que la dieta sea rica en proteínas,
agua y fibra, y en general debe tener muchas
calorías.
-
Sistema genitourinario: Se debe mantener
siempre una correcta higiene perineal en el
paciente encamado, para evitar la aparición de
maceración y lesiones de la piel. Se puede
presionar sobre el abdomen para conseguir un
vaciamiento urinario completo de la vejiga, e
intentar así evitar las retenciones. Con la
adaptación de la dieta empleando huevos,
quesos, cereales integrales, ciruelas, zumo de
arándano, y evitando bebidas carbonatadas y
alimentos ricos en levadura, se consigue
acidificar el pH de la orina, y por tanto, se
reduce el riesgo de infección y de formación
de cálculos renales. La realización de
ejercicios destinados a fortalecer el músculo
que controla la orina, disminuye el riesgo de
incontinencia urinaria, y consisten en empezar a
orinar y parar en varias veces a lo largo de la
micción.
-
Cuidados psicológicos: Se debe fomentar
la realización de actividades en lo máximo
posible para mantener la autonomía del mayor,
lo cual contribuye de forma positiva sobre el
aspecto psicológico y sobre su evolución. Se
debe mantener la motivación planteando
objetivos de recuperación accesibles a corto y
medio plazo.
- Otras actuaciones a tener
también en cuenta en la prevención son:
cuidado de los pies y zonas de presión para
evitar úlceras, la utilización de ayudas
técnicas para caminar e impedir así la
inmovilidad total, y el uso de lentes y
audífonos para que el paciente pueda
interrelacionarse adecuadamente con el medio
que le rodea.
Última actualización: del 2006
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Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H.
C. San Carlos. Madrid.
Mónica Ruiz Ruiz. Medico Residente de Geriatría H. C. San
Carlos. Madrid .
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