
Los estímulos del entorno son percibidos a través de los sentidos. Se conducen a modo de impulsos nerviosos desde los órganos perceptivos hasta el cerebro, donde serán interpretados y se les atribuirá un significado. El electroencefalógrafo permite captar los cambios en la actividad eléctrica cerebral provocados por los estímulos sensoriales. Estos cambios del trazado electroencefalográfico reciben el nombre de potenciales evocados. De este modo, la exposición a un flash, un ruido intenso o un estímulo táctil van a dar lugar a unas ondas eléctricas cerebrales características. Si el estimulo visual, auditivo, o la sensación eléctrica dada en pies y manos no produce la onda esperable, en el tiempo y lugar adecuados, quiere decir que hay algún problema de la vía nerviosa. El estudio de los potenciales evocados es, por tanto, un procedimiento neurofisiológico que evalúa la función y la integridad del sistema perceptivo y sus vías.
En función de la modalidad sensitiva explorada distinguiremos:
Es una exploración ambulatoria, no se precisa hospitalización. Se realiza en clínicas, hospitales o consultas habilitadas a tal fin. La sala de exploraciones debe disponer de una camilla y un electroencefalograma. El ambiente en el que se realiza ha de ser silencioso, agradable y con poca luz. Es importante que el paciente esté relajado. La ansiedad, nerviosismo o la falta de relajación incrementará la tensión muscular. La señal que genera un músculo contraído puede interferir en el registro electroencefalográfico. La falta de relajación y colaboración impedirá la realización de un potencial evocado. Excepcionalmente, en niños poco colaboradores, el facultativo responsable puede valorar el uso de alguna sustancia sedante.
Se colocarán los electrodos de registro en cuero cabelludo y en los pabellones auditivos o mastoides, pegándolos con gel conductor que tras la prueba podrá quitarse fácilmente con acetona. Previamente habrá que limpiar el área de registro para evitar interferencias.
Para obtener las respuestas evocadas se estimula la vía a explorar. En función de la modalidad sensitiva evaluada se aplicarán diferentes tipos de estímulos:
La duración de la prueba es habitualmente de 30 minutos a 1 hora.
No requiere ayuno ni preparación. Se recomienda no
aplicar lacas u otros productos para el pelo, puesto que
pueden interferir en la señal captada por los
electrodos.
El médico responsable debe tener
conocimiento de los tratamientos habituales que realice
el paciente, pudiendo indicar su retirada en los días
previos a la prueba.

No es molesto, aunque es una exploración larga que puede agotar al paciente. En ocasiones el estudio de los potenciales evocados somatoestésicos puede provocar una sensación de calambre de intensidad constante sobre la piel.
Es una técnica segura. Los riesgos son prácticamente nulos y en caso de presentarse suelen estar relacionados con los electrodos y las molestias de los estímulos.
No presenta contraindicaciones.
Los potenciales evocados son técnicas de apoyo para el diagnóstico de alteraciones de las vías sensitivas. Ayudan a detectar lesiones y a esclarecer sus causas.
También son útiles para el control evolutivo de procesos ya conocidos y detectar signos de una enfermedad que aún no ha provocado ningún síntoma. Los resultados obtenidos son datos objetivos, concluyentes de lesión o de normalidad, lo que es muy importante para la correlación entre las quejas del enfermo y la lesión real.
Son importantes en enfermedades como neuritis óptica, esclerosis múltiple, hipoacusias, traumatismos craneales, lesiones de médula espinal o neuropatías.
Asimismo, también es útil para el diagnóstico o la determinación del riesgo de secuelas en pacientes en coma o anestesiados en los que el simple examen neurológico no es concluyente.