
Es el conjunto de síntomas y signos que resultan de la alteración en la absorción intestinal de nutrientes, vitaminas y elementos trazas. El tipo de malabsorción, el nutriente afectado y la clínica que se exprese depende del segmento intestinal comprometido.
En los ancianos no hay cambios en la arquitectura del intestino delgado, ni hay cambios en la función de barrera epitelial. En cambio, sí que hay una disminución de los plexos nerviosos de la pared intestinal, con los que puede haber trastornos de la motilidad.
Asimismo, puede haber disminución en el transporte de aminoácidos y azúcares por alteración en la actividad de los enzimas de las vellosidades intestinales o por disminución de los transportadores de los nutrientes desde la luz intestinal hasta el torrente sanguíneo.
No se ha demostrado alteración en la absorción de las grasas sólo atribuible a la edad y la absorción de vitaminas es mantenida; si hay déficits de vitamina B12 se tendrá que pensar en gastritis atrófica, o si lo hay de vitamina D puede ser por problemas renales.
La sospecha de malabsorción en el anciano no debe atribuirse en primera instancia a la edad; cualquier causa de malabsorción que afecte a jóvenes puede afectar al anciano.
Cuando se sospecha una malabsorción en el paciente mayor se ha de tener en cuenta que la historia clínica es más difícil de realizar por las características de los ancianos: enfermedades coexistentes, polifarmacia, dificultades cognitivas y de los sentidos, etc.
Se deben tener en cuenta los antecedentes de enfermedades (especial atención en antecedentes quirúrgicos y radioterapia), fármacos que se estén tomando prescritos por facultativos o mediante automedicación, al igual que remedios caseros o alternativos y suplementos nutricionales. Es importante saber también los hábitos de toma de alcohol y tabaco.
Después, en la exploración física es esencial valorar el peso, la cantidad y distribución de la grasa corporal y de la masa muscular, la presencia de lesiones cutáneas y las alteraciones en la exploración del abdomen (presencia de gas, aumento del tamaño de vísceras, etc.).
Las pruebas complementarias irán en función de la alteración que se sospeche, pero un estudio básico podría comprender analítica completa de sangre, radiografía simple de abdomen, ecografía abdominal y endoscopia digestiva (gástrica y/o de colon, según clínica). En situaciones especiales se puede llegar al estudio de intestino delgado (biopsia), tomografía axial computadorizada (TAC) o resonancia magnética nuclear (RMN) abdominal (con valoración de la circulación visceral o no).
El tratamiento de los síndromes de malabsorción tiene como objetivos corregir el déficit de nutrientes e identificar y tratar la causa una vez realizado el proceso diagnostico. En las causas más frecuentes en los ancianos el tratamiento, además de la corrección de los déficits nutricionales detectados, se individualizará en función del origen: