
Se trata de una enfermedad que algunos autores han definido como una auténtica epidemia; una epidemia silenciosa que supone numerosos costes personales y sociales, fundamentalmente derivados de su principal consecuencia: las fracturas óseas. Esta enfermedad afecta a un número considerable de individuos (se calcula que en España hay aproximadamente tres millones de personas con osteoporosis), siendo más frecuente entre los mayores y los ancianos. La consecuencia más temida en la osteoporosis es la fractura y, secundariamente, la dependencia, formando un problema sociosanitario y económico de primera magnitud.
La osteoporosis es una enfermedad donde se da una pérdida
progresiva de la masa ósea que, unida a alteraciones en
la microarquitectura del hueso, provoca una mayor
fragilidad, menor resistencia a las fuerzas, y por lo
tanto un aumento del riesgo de fracturas, que se pueden
producir ante un mínimo traumatismo o incluso de forma
espontánea.
Las causas y factores de riesgo para el desarrollo de la osteoporosis son:
La osteoporosis es en las primeras fases una enfermedad asintomática, mientras que en las fases avanzadas aparece:

El diagnóstico de la osteoporosis se realiza de forma indirecta a través de métodos radiológicos, ya que el estudio directo histológico de una muestra de tejido óseo a través de una biopsia queda fuera de la práctica clínica rutinaria.
Los métodos radiológicos son muy diversos pero se pueden resumir en la utilidad de las radiografías convencionales de huesos y en la densitometría ósea. La radiografía convencional tiene una baja sensibilidad en la detección de este proceso, ya que es necesario una pérdida de al menos un 30 % de la masa ósea para detectar la osteoporosis en ciertos huesos. La densitometría ósea es una técnica específica que permite medir la densidad mineral ósea. Confirma y diagnostica la osteoporosis, y con ella se puede seguir a los pacientes en su evolución y su respuesta a los tratamientos.
Existen numerosas pruebas bioquímicas determinadas en
análisis rutinarios que estudian el estado metabólico
del hueso y que tienen su utilidad sobre todo en la
osteoporosis secundaria.

En la osteoporosis es fundamental la prevención, ya desde antes de entrar en la tercera edad, para evitar la evolución de la enfermedad hacia fases avanzadas y de difícil solución. Para ello es recomendable:
Los objetivos del tratamiento de la osteoporosis son:
Existen diferentes tratamientos para la osteoporosis, incluyendo cambios en el estilo de vida y una diversidad de medicamentos. Los medicamentos se utilizan para fortalecer los huesos cuando:
Los bifosfonatos son los principales fármacos empleados tanto para prevenir como para tratar la osteoporosis en mujeres posmenopáusicas.
Los bifosfonatos tomados por vía oral incluyen alendronato, ibandronato y risedronato, que se toman generalmente una vez a la semana o una vez al mes.
La calcitonina se presenta en aerosol nasal e inyectable. Es un medicamento que retarda la velocidad de la pérdida ósea y alivia el dolor óseo.
Los principales efectos secundarios de la calcitonina son la irritación nasal en la presentación en aerosol y náuseas en el caso de la presentación inyectable.
Los estrógenos ya casi no se utilizan para prevenir la osteoporosis. No están aprobados para tratar a mujeres postmenopáusicas con osteoporosis debido a que conllevan un aumento inaceptable del riesgo de padecer una neoplasia ginecológica.
La teriparatida, un derivado de la hormona paratiroidea, está aprobada para el tratamiento de las mujeres posmenopáusicas que tengan osteoporosis severa y se considere que presenten un alto riesgo de sufrir fracturas. El fármaco se administra a través de inyecciones diarias subcutáneas y la misma paciente se las puede aplicar en la casa.
El raloxifeno se utiliza para la prevención y el tratamiento de la osteoporosis. El raloxifeno puede reducir el riesgo de fracturas de la columna en casi el 50%; sin embargo, no parece prevenir otras fracturas, incluyendo las de la cadera. El efecto secundario más serio del raloxifeno es un pequeño riesgo de coágulos sanguíneos en las venas de las piernas (trombosis venosa profunda) o en los pulmones (embolia pulmonar).
El ejercicio regular puede reducir la probabilidad de fracturas óseas en personas con osteoporosis, tanto por el aumento de la masa ósea como por la disminución del riesgo de caídas. Algunos de los ejercicios recomendados son:
Se debe consumir al menos 1.200 miligramos de calcio al día y de 800 a 1.000 unidades internacionales de vitamina D. Si no se pueden asegurar estas cantidades se recomendarán suplementos tanto de calcio como de vitamina D. Son alimentos ricos en calcio:
Asimismo, se deben suspender hábitos poco saludables, como el tabaquismo o el consumo de alcohol, que además puede aumentar el riesgo de sufrir caídas.