El calcio es un mineral que la mujer necesita en mayor
cantidad en diferentes etapas de la vida.
Durante
la infancia un aporte suficiente es fundamental para
lograr una adecuada masa ósea y, aunque el pico de
formación ósea esté condicionado genéticamente, una
ingesta satisfactoria de calcio previene o retrasa el
riesgo de osteoporosis en edades más avanzadas.
Las
guías alimentarias recomiendan consumir 2-3 raciones
diarias de lácteos para cubrir las necesidades de calcio
(1 ración equivale a: 1 vaso de leche o 2 yogures o 40
gr queso curado o 80-100gr de queso fresco). Se
recomienda:
2 vasos de leche o
1 vaso de leche
y 2 yogures o
1 vaso de leche y 40 gr de queso
curado o
2 yogures y 80-100gr queso fresco
Durante las etapas de embarazo y lactancia las
necesidades de calcio aumentan, siendo en la primera de
300 mg extra diario y durante la segunda 550 mg. Si no
se aportan estos requerimientos a través de la
alimentación diaria, el cuerpo lo resuelve movilizando
este mineral del hueso, debilitándolo y favoreciendo el
riesgo a sufrir fracturas. Durante estos estados
fisiológicos se recomienda aumentar de 3 a 4 las
raciones de lácteos diarios.
Existen también otras
fuentes ricas en calcio como el tofu, el sésamo y los
frutos secos. Aún así, los lácteos tienen la
peculiaridad de ser fuentes ricas en calcio y también en
vitamina D. Esta vitamina es fundamental porque favorece
la absorción del calcio. La vitamina D la aportamos a
través de alimentos grasos como (el pescado azul, huevo,
lácteos,...) y también la sintetiza el cuerpo a través
de la exposición solar. Por este motivo su deficiencia
es escasa.
Por otro lado, también es importante
realizar ejercicio físico ya que favorece la fijación
del calcio en el hueso.