Si bien no existe un déficit propio del envejecimiento, es frecuente encontrar estados carenciales de vitaminas debido a: una ingesta desequilibrada de alimentos, poca variedad de los mismos y enfermedades que dificultan la absorción de vitaminas.
Respecto a las vitaminas A y E, su déficit es raro ya que el intestino del anciano tiene una mayor permeabilidad a estas vitaminas. Por este motivo no se recomienda la ingesta de suplementos por riesgo de intoxicación debido a una acumulación. Son fuentes ricas en vitamina A (huevo, pescado azul, lácteos, algunos vegetales y cereales) y, en vitamina E (cereales, frutos secos y aceites de semillas como aceite de oliva, girasol, ).
La deficiencia en vitamina D es muy frecuente en esta población. Esta vitamina favorece la absorción del calcio en el hueso, por lo que está implicada en la prevención de osteoporosis.
La aportamos a través de la dieta (pescado, huevos, hígado, lácteos), además, el cuerpo también la genera a través de la exposición solar (los rayos solares favorecen su sintetización)
El estudio SENECA ha mostrado que en España, a pesar del consumo elevado de pescado y de ser un país muy soleado, los niveles de vitamina D son mucho más bajos que en los países del norte de Europa. Todo ello hace que a veces sea necesario la suplementación con vitamina.
Respecto a las diferentes vitaminas que integran el complejo B, las ingestas recomendadas no difieren de la población adulta. Pero a veces sus requerimientos están aumentados por la dificultad en la absorción de estas vitaminas, provocado por alteraciones digestivas (irritación de la mucosa gástrica e intestinal) y por la interacción con algunos fármacos.
Su deficiencia ocasiona diferentes trastornos (neurológicos, cardiovasculares, ) que fácilmente pueden ser atribuidos al propio envejecimiento.