El mecanismo de la sed en el anciano está alterado, por lo que la ingesta de agua es habitualmente menor. Además, con la edad, la capacidad funcional del riñón disminuye y existe mayor predisposición al estreñimiento. Por todo ello, la importancia del agua en la dieta aumenta con la edad. Una correcta reposición hídrica evita la deshidratación, mejora la motilidad o movimiento digestivo y facilita la eliminación de productos finales del metabolismo a través de la orina
El requerimiento mínimo de agua diario, en un anciano sano, no debe ser inferior a 2 litros distribuidos en alimentos y agua en distintas combinaciones.
Un anciano debe tomar unos 8 vasos de líquidos diarios, en forma de agua, infusiones o caldos. Además, en su alimentación debe introducir alimentos con alto contenido en agua como frutas, lácteos, verduras y hortalizas.