
La narcolepsia es una enfermedad de origen neurológico clasificada dentro de los denominados trastornos del sueño. Se caracteriza por un exceso de sueño diurno, aparición súbita de debilidad muscular (cataplejía) provocada por las emociones (como la risa y la sorpresa) de menos de 2 minutos de duración e interrupciones /fragmentación del sueño nocturno.
Aunque la causa de la enfermedad es desconocida, sí que se han implicado en su aparición una predisposición genética y determinados factores ambientales como el estrés, los cambios hormonales o traumatismos, entre otros, que pueden actuar como desencadenantes. Recientemente se ha descubierto que las personas que sufren narcolepsia poseen bajos niveles de hipocretina (una proteína producida por el cerebro) en su líquido espinal. La hipocretina es un neurotransmisor que se encarga de mantener el estado de vigilia. Algunos estudios muestran un riesgo de entre 10 y 40 veces más alto de tener esta enfermedad que la población general entre los familiares de primer grado de pacientes con narcolepsia.
En la actualidad, se calcula que la narcolepsia tiene una
prevalencia del 0,02-0,05% de la población, por lo que
se calcula afecta a cerca de 25.000 personas en nuestro
país.
Los síntomas suelen iniciarse en edades tempranas (adolescencia o adultos jóvenes).
El síntoma principal son los ataques de sueño con una disminución brusca del tono muscular. Éstos pueden aparecer en cualquier momento durante el día y en número variable. El paciente presenta microsueños de segundos de duración mientras está realizando una actividad.
La cataplejía es característica de la narcolepsia, el
paciente presenta una parálisis momentánea por una
pérdida súbita global o parcial del tono muscular en
respuesta o desencadenada ante una emoción como rabia,
miedo o risa.
Otros síntomas asociados son la
parálisis durante el sueño (el paciente no se puede
mover al quedarse dormido o al despertar lo que genera
gran angustia), sensación de cansancio importante,
dificultad de concentración, alucinaciones visuales o
auditivas al inicio del sueño o al despertar.
Así, la narcolepsia provoca un grave impacto sobre la calidad de vida del paciente provocando trastornos en la atención, rendimiento escolar y laboral y siendo causa de un aumento de los accidentes de tráfico.
El diagnóstico de la narcolepsia es básicamente clínico, es decir, por la sintomatología del paciente. Siempre se han de descartar otros posibles trastornos neurológicos por lo que se pueden realizar un estudio dirigido en las llamadas Unidades del Sueño o por el especialista en neurología.
En estas unidades se realiza una serie de pruebas como es el registro de la actividad eléctrica cerebral durante el sueño (polisomnografía) que da lugar a unos patrones características de la narcolepsia.
Las pruebas de imagen radiológica y los análisis de sangre rutinarios dan resultados normales.
No existe un tratamiento curativo de la enfermedad. Existen una serie de hábitos a adoptar y de fármacos para intentar controlar los ataques.
En cuanto a las recomendaciones no farmacológicas se incluyen: hacer pequeñas siestas de unos 15 minutos durante el día, evitar comidas copiosas, realizar descanso nocturno suficiente y ejercicio de forma regular.
Respecto a los tratamientos con fármacos se utilizan
aquellos que contienen anfetaminas o similares no
exentos de efectos secundarios. Actualmente se está
utilizando un fármaco denominado modafinil, un
neuroestimulante sin anfetaminas, que parece ser más
seguro y eficaz.