Es una necesidad la puesta en marcha de medidas de prevención que reduzcan al mínimo la incidencia de las úlceras por presión, dada la gran morbilidad, mortalidad y coste sanitario que esta patología conlleva.
El primer paso para crear un programa de medidas preventivas, consiste en:
Se han utilizado distintos instrumentos o escalas que identifican y clasifican estos pacientes según el riesgo de ulceración, pero la más utilizada es la escala de Norton, Mc Laren y Smith. Esta considera cinco variables: estado físico general, estado mental, actividad, movilidad e incontinencia, puntuándose cada una de ellas en cuatro categorías. Los valores van desde 4 a 1, siendo 1 el que corresponde a un mayor deterioro y 4 el que corresponde a un menor deterioro. De este modo, cuando la suma de todos los ítems es inferior a 14, decimos que el paciente está en situación de riesgo de presentar úlceras por presión.
Se deben programar los cambios posturales para conseguir dicha reducción. Eso significa cambiar de posición al paciente encamado cada de 2-4 horas, y con intervalos inferiores a 1-2 horas en situaciones de sedestación.
El uso de almohadas ayudará también a aliviar la presión, y facilitará mantener la alineación corporal correcta, lo cual también es otra medida necesaria en un programa de prevención.
El efecto de cizallamiento, comentado anteriormente como causante de las ulceras por presión, puede evitarse no elevando la cabecera de la cama más de 30º, impidiéndose así el deslizamiento del paciente. No obstante, en ocasiones, esta mínima elevación no es bien tolerada debido a determinadas circunstancias clínicas que lo impiden (p. ej. insuficiencia cardiaca).
Los calcetines de algodón no quitan presión, sino que sirven para evitar situaciones de fricción.
Por otra parte, en el mercado existen diferentes dispositivos que ayudan a disminuir la presión en las zonas de mayor riesgo. Estos pueden clasificarse en dos tipos:
No obstante, lo más efectivo en un programa de prevención, son las movilizaciones periódicas, empleándose todas las medidas anteriores como complementarias a los cambios posturales.
El examen rutinario de la piel, su mantenimiento limpia y seca evitando la humedad excesiva, son medidas que ayudarán a prevenir la aparición de úlceras por presión. Es necesario un cambio frecuente de pañales, y lavar e hidratar con cremas la zona húmeda después de cada cambio. A veces, es necesario incluso el uso de sondas urinarias para evitar la incontinencia y la humedad.
Otro punto muy importante es la hidratación de la piel mediante cremas cutáneas, ya que la sequedad extrema puede provocar este tipo de lesiones al disminuir la flexibilidad cutánea. Estas cremas se extenderán sobre las prominencias óseas sin dar masajes, ya que a diferencia de lo que se creía anteriormente, éstos pueden tener un efecto contraproducente sobre la zona.
En situaciones de enfermedad aguda o empeoramiento de patologías crónicas, el tratamiento de la enfermedad de base ayudará a prevenir el riesgo de úlceras por presión.
Así mismo, debe tenerse en consideración el estado nutricional del paciente, y adaptar la dieta en caso de deficiencias nutricionales, utilizándose incluso suplementos proteicos si fuera necesario. A veces también se recomiendan suplementos vitamínicos y minerales.
Una correcta ingesta hídrica también es imprescindible en la prevención. Por tanto, se debe recomendar beber más de dos-tres litros de agua al día, ya sea en forma liquida o gelificada.
Por último, insistir en que todas aquellas maniobras realizadas para prevenir el síndrome de inmovilidad, y que por tanto facilitan la movilidad del paciente, redundarán en la prevención de las úlceras por presión.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.