
El uso de fármacos en las personas mayores ha de tener en cuenta las características diferenciales que tiene estos individuos, tanto anatómicas, como metabólicas, funcionales e incluso sociales y de entorno.
Como siempre, en medicina, se ha de tener cuenta que el beneficio de una actuación (en este caso la administración de un medicamento) ha de ser superior al posible perjuicio que se pueda presentar. En palabras de los antiguos romanos “ante todo, no hacer daño” o primum non nocere.
Los individuos en edad geriátrica tienen menos capacidad de adaptación ante los cambios y menos reserva fisiológica, factores que conllevan un aumento de su fragilidad. Ante esto el médico deberá ser más prudente, si cabe, al prescribir cualquier medicación y especialmente se deberían tener en cuenta los siguientes puntos: