El diagnóstico se sospecha en la revisión que realiza el pediatra al bebé, durante el primer mes de vida o, en algunos casos, en revisiones posteriores.
Si el pediatra detecta que hay un problema en la cadera, antes de los seis meses, debe solicitar una ecografía de las caderas. Si el problema es detectado en un bebé mayor de seis meses, hay que realizar una radiografía de las caderas. Si las pruebas detectan que la cadera no es normal hay que derivar al bebé al especialista para que confirme el diagnóstico y ponga el tratamiento más adecuado en cada caso.
Lo más importante es hacer el diagnóstico lo más pronto posible y minimizar las consecuencias a largo plazo. Cuanto más tiempo se retrase el diagnóstico, más complejo será el tratamiento.
El objetivo del tratamiento es la colocación del fémur en su sitio y evitar complicaciones y secuelas en el niño mayor.
El tipo de tratamiento depende de la edad a la que se detecta el problema. Si la luxación congénita de cadera se detecta antes de los seis meses será necesario tratamiento ortopédico con un arnés de Pavlik o una férula de Tubigen. Son unas correas que mantienen las caderas flexionadas (ponen al fémur en su sitio) y hacen que la luxación se vaya reduciendo progresivamente en dos o tres semanas. En el 90% de los casos, con este tipo de arnés se soluciona la luxación.
Si con los sistemas de sujeción no se consigue solucionar el problema, se debe realizar otro tipo de tratamiento, que consiste en poner un yeso que realice una tracción continua de la cadera.
En los casos más graves o en diagnósticos tardíos (alrededor del año) la cirugía puede ser la única alternativa de tratamiento.