
Para conseguir una adecuada educación de los hijos es necesario establecer normas y límites desde el nacimiento, que se irán modificando y flexibilizando con el paso de los años y el crecimiento del niño.
El objetivo fundamental de los límites es asegurar la seguridad y la salud del niño, pero también persiguen estabilizar y proporcionar un determinado orden y estructura en la dinámica diaria, así como poder llevar un sentido de vida coherente. Por otra parte, los límites ayudan en la construcción de la personalidad del niño o adolescente, ya que conllevan el desarrollo de aspectos como la voluntad, la tolerancia a la frustración, el aplazamiento de las satisfacciones, tener en cuenta los derechos de los demás, etc.
Desde que se empiezan a establecer límites es normal que el niño, a su vez, intente poner obstáculos a los mismos. De esta forma aparecen los conflictos inherentes y naturales en todo proceso evolutivo. Con el paso de los años, y más especialmente en la adolescencia, será también normal que aumente el cuestionamiento de las normas y límites por parte del chico. El adolescente necesita poner en duda el modelo propuesto por sus padres y eso forma parte de su desarrollo y de la progresiva construcción de su personalidad.
