La lactancia artificial, aunque menos beneficiosa que la materna, no deja de ser adecuada para el correcto desarrollo del niño, ya sea como única alimentación que reciba hasta los 4 a 6 meses, ya sea como parte de su dieta variada, a partir de esta edad. Por ello, las madres que se vean obligadas a no dar el pecho, no deben sentirse fracasadas, ni preocupadas. Sus hijos crecerán sanos y pueden crear, con amor y dedicación, un fuerte vínculo con ellos, aunque no experimenten esa relación especial que es el amamantamiento.
Las leches artificiales se fabrican intentando imitar, en la medida de lo posible, a la leche materna, siguiendo las recomendaciones de, entre otras, la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica
(ESPGHAN)
La ESPGHAN recomienda de 1,8 a 2,8 gramos de proteínas por cada 100 kilocalorías. Éstas proteínas provienen de la leche de vaca (origen de frecuentes alergias e intolerancias digestivas), de la soja, también pueden usarse hidrolizados de proteínas.
Proteínas que contengan los llamados aminoácidos (aa) esenciales (los que el organismo es incapaz de sintetizar y deben ser aportados externamente porque son imprescindibles) y contener la cantidad adecuada de triptófano (otro amino ácido, no esencial, pero importante para la función de las neuronas)
Una proporción seroproteínas/caseína de 70/30 (70% de seroproteínas, 30% de caseína), 60/40 o, incluso, de 50/50. La menor proporción de caseína en la leche, hace que ésta sea más digerible. Las seroproteínas son las proteínas del suero y la caseína es el "cuajo" de la leche.
La ESPGHAN recomienda de 4,4 a 6 gramos de grasas por cada 100 kilocalorías. Grasas obtenidas de aceites de oliva, de girasol, de soja, de sésamo, de cártamo, de semillas de colza, de algodón y de la yema del huevo.
Las grasas utilizadas deberán garantizar un correcto aporte de ácidos grasos esenciales (los que el organismo no es capaz de sintetizar y han de ser aportados externamente porque son imprescindibles). Son el ácido linoleico (obtenido de la yema de huevo) y los ácidos omega-3 y omega-6 en proporción 5/15.
La ESPGHAN recomienda de 8 a 12 gramos de hidratos de carbono por cada 100 kilocalorías.
El hidrato de carbono más abundante en las leches artificiales es la lactosa.
En la leche de vaca la cantidad de minerales es mayor, pero la proporción calcio/fósforo es menos favorable que en la leche materna. Por eso son menos frecuentes las hipocalcemias (disminución de calcio en sangre por debajo de los límites normales) en el bebé amamantado.
Existe una gran variedad de leches artificiales que diferenciamos por: