Los amantes de la nieve y los deportes de invierno deben extremar las precauciones en lo que a fotoprotección se refiere, ya que en las montañas nevadas se combinan tres factores que inciden de forma agresiva en la piel: la radiación solar, la radiación reflejada en la nieve y la altitud.

Recibir la luz del sol tiene múltiples efectos beneficiosos sobre el organismo (como favorecer la síntesis de vitamina D, que ayuda a absorber el calcio en los huesos, o mejorar el estado anímico. Sin embargo, la exposición prolongada y sin fotoprotección puede tener consecuencias nefastas para la piel. El principal riesgo viene dado por la radiación ultravioleta (RUV) del sol, ya que es la responsable de dos procesos de gran importancia para nuestra piel: el envejecimiento y el cáncer cutáneo.
Además del tipo de radiación, es necesario conocer los factores que influyen en la acción del sol sobre la piel. Así, debemos tener en cuenta que, cuanta más alta es la zona geográfica donde estamos, más intensa es la exposición. También influyen la oblicuidad de los rayos del sol con la Tierra, según la estación, así como el momento del día y la latitud de la zona geográfica. El clima es otro factor a tener en cuenta, ya que la lluvia y las nubes absorben parte de las radiaciones, así como el tipo de superficie donde estamos, pues la nieve refleja hasta el 85% de los rayos frente al 17% de la arena seca, por ejemplo.
La piel, durante el esquí y los deportes de nieve, estará expuesta al 100% de la radiación que incida directamente sobre ella, al 80% de esa radiación reflejada en la nieve y al 20% correspondiente a la altura de la estación de esquí (por cada 300 metros de altitud, la radiación aumenta un 4%).
Por eso, a diario pero sobre todo cuando practiquemos deportes en la nieve, es necesario emplear productos con filtro solar y cualidades específicas que aseguren la protección y el mantenimiento de la hidratación cutánea. La fotoprotección es especialmente importante en las personas de piel blanca y ojos claros, rubios o pelirrojos, que son en general más sensibles al sol, así como las que presentan manchas o pecas. La mayoría de estas personas no llega a broncearse, o lo hace después de quemarse y son la que presentan mayor riesgo de cáncer de piel. También es obligada en los niños, pues se sabe que el exceso de sol a estas edades se asocia especialmente con un mayor riesgo de padecer melanoma, el cáncer de piel más peligroso.

Para proteger la piel del sol
disponemos de los fotoprotectores, que permiten
exponerse al sol y minimizar el riesgo de sufrir
quemaduras. La mayoría contienen mezclas de filtros
físicos y químicos:
-Los físicos: contienen
partículas que ejercen una acción reflectante sobre la
luz, es decir, actúan como espejos. En general, las
partículas están compuestas por dióxido de titanio. En
los últimos años los laboratorios han conseguido
micronizar (empequeñecer) estas partículas, consiguiendo
que al acabado cosmético de las cremas sea mejor. Los
protectores físicos son los más indicados para los
niños, ya que no contienen sustancias químicas que
pueden provocar irritación o toxicidad.
-Los
químicos: contienen moléculas complejas capaces de
absorber la radiación ultravioleta y dispersarla en
forma de calor. No deben aplicarse en niños.
El número que el fotoprotector debe llevar etiquetado es elfactor de protección solar o SPF, que indica la proporción de tiempo que un producto aplicado sobre la piel permite extender el periodo de exposición al sol sin riesgo de que se produzca una quemadura. Así, por ejemplo, si una persona que se expone al sol 10 minutos sin sufrir quemaduras usa un fotoprotector de 40, la protegerá 40 veces más. De todas formas, también es importante recordar que la transpiración (o el agua en verano) lo alteran, por lo que es importante repetir la aplicación. En la actualidad, las autoridades competentes recomiendan etiquetar SPFs con un máximo de 50. Si algún laboratorio afirma que su producto tiene un factor superior a 50, se le insta a etiquetarlo como 50 +.
-Aplicar un filtro solar en crema o gel antes de cada
exposición al sol, y aplicarlo nuevamente cada dos
horas, especialmente después de sudar.
-Escoger un
SFP adecuado a nuestro tipo de piel y a la intensidad de
la radiación solar. El médico o farmacéutico puede
indicarnos cuál es el más adecuado.
-Estas medidas
deben tomarse también en los días nublados, ya que gran
parte de la radiación solar sigue siendo dañina en esos
días.
-La sensibilidad aumentada al sol
(fotosensibilidad) puede ser un efecto secundario de
algunos medicamentos. Debemos consultar al médico o al
farmacéutico si podemos exponernos al sol al tomar medicamentos.
La protección ocular también es fundamental ya que las radiaciones solares son nocivas para los ojos, y más en la nieve. La elección de las gafas de sol debe proporcionar una visión confortable con la máxima protección de los ojos.
-El primer requisito de unas gafas de sol es que posean
el marcado CE, lo que indica que cumple los requisitos
de la normativa europea.
-El segundo aspecto
técnico a tener en cuenta es el tipo de filtro solar de
las lentes, que impide la llegada al ojo de las
radiaciones nocivas. Si las gafas no disponen de los
filtros adecuados pueden provocar dolores intensos de
cabeza, conjuntivitis y fotofobias que aparecen al cabo
de los años y en muchos casos lo hacen de forma
irreversible.
Existen filtros de color, que
conjugan el color y la capacidad de absorción de las
radiaciones solares:
-El marrón mejora la visión
de los contrastes y se recomienda en la realización de
deportes de invierno.
-El gris no altera la visión
de los colores y es una buena alternativa para gafas de
conducción.
-El color verde altera muy poco la
visión de los colores y se adapta bien en todo tipo de
usos, en especial en caso de hipermetropía y para
deportes de invierno.
-Los filtros foto-cromáticos
cambian el color de la lente según la intensidad de la
luz, y los espejados reflejan la luz, por lo que son una
buena opción si se realizan actividades en espacios que
reflejen la luz (actividades en la nieve, en escalada...)
Según el grado de intensidad con el que filtran la luz visible, la Unión Europea clasifica estos filtros del 0 al 4. Las gafas con lentes de categoría 0 reducen hasta un 20% la luz visible y se recomiendan como gafas de confort; las de categoría 1 (reducen del 20 al 57% la luz) para caminar por la ciudad; las de categoría 2 (del 57 al 82%) para deportes en el campo y en pista, pasear o ir en bicicleta; las de categoría 3, que reducen la luz del 82 al 92%, para deportes o estancias en zonas de mucho sol (playa, mar, montaña) y las de categoría 4 (reducen del 92 al 98% la luz) en alta montaña y al realizar deportes acuáticos intensos.