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Úlceras por presión

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Introducción

Una de las complicaciones más temidas secundarias al encamamiento prolongado y/o situaciones de inmovilidad, es la aparición de úlceras por presión. Estas, aunque no son un problema exclusivamente geriátrico, afectan más frecuentemente a las personas mayores de 75 años.

Su importancia radica en la elevada frecuencia, y en la alta morbi-mortalidad que acarrean. En general, las tasas de prevalencia hospitalaria varía entre el 3 y 11%, y puede llegar al 60% en determinados grupos de pacientes con patologías especificas, como es el caso de ancianos con fracturas de cadera hospitalizados. En el ámbito residencial, las cifras que se barajan cambian, oscilando entre el 20 y 33%.

Con respecto a la mortalidad que presentan los pacientes con úlceras por presión, ésta puede llegar a ser muy elevada, siendo a veces difícil deslindar la influencia aislada de éstas con respecto al resto de patologías que sufre un paciente geriátrico. Por otra parte, los ancianos que durante el ingreso sufren ulceras por presión tienen mayores probabilidades de morir al año de alta, que los pacientes que no las presentaron durante el ingreso.

En general, las úlceras por presión se definen como aquella lesión producida en la piel de cualquier parte del cuerpo como consecuencia de la compresión, generalmente prolongada, entre una superficie externa y un plano óseo. Esta presión sostenida, cuando dura el tiempo suficiente, dañará los tejidos blandos subyacentes al impedir el riego sanguíneo de la zona.

Aunque las úlceras pueden asentar sobre la piel de cualquier superficie ósea, más del 90% de las mismas suceden en la parte inferior del cuerpo, siendo los trocánteres (huesos de la región de las caderas), el sacro, los glúteos y los talones las localizaciones más frecuentes.

Se pueden clasificar en cuatro grados las úlceras, dependiendo de su extensión en la piel y características:

  • Grado 1: Existe enrojecimiento de la piel que no desaparece después de 30 segundos de aliviar la presión en la zona. La respuesta inflamatoria aguda está limitada a la epidermis (capa más superficial cutánea).
  • Grado 2: Existe ya pérdida de piel, con aparición de vesículas y flictenas. Se encuentra afectada la dermis superficial (capa subyacente a la epidermis) y la epidermis, con presencia de bordes mal definidos que delimitan la lesión.
  • Grado 3: Existe pérdida de todas las capas de la piel, con afectación del tejido celular subcutáneo. Puede extenderse hasta la aponeurosis y grasa subyacente, quedando limitada la lesión por la fascia profunda. Los bordes aparecen bien definidos, con presencia en la lesión de exudado generalmente, y con base infectada y tejido muerto fétido en su interior.
  • Grado 4: La lesión es más profunda, con exposición de músculo, tendón y cápsula articular, e incluso en ocasiones, puede penetrar hasta el hueso. Existe también la posibilidad de fistulización y/o cavitación de la úlcera.

Los grados 1 y 2 son los tipos de lesiones menores, que tardan días o semanas en curarse, mientras que los grados 3 y 4 requieren mayor tiempo de tratamiento al ser heridas mayores.

Por último nos referiremos a los síntomas asociados que puede acompañar a las úlceras por presión. Estas pueden ser el origen de complicaciones locales y generales, algunas de ellas muy temidas como la sepsis.

Estas posibles complicaciones son: Dolor en la zona, infección local, osteomielitis (infección del hueso),artritis séptica (infección de la articulación),celulitis, anemización, hipoproteinemia (disminución de las proteínas).

Última actualización: del 2006

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Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.
Mónica Ruiz Ruiz. Medico Residente de Geriatría H. C. San Carlos. Madrid .
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.

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