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Síndrome de inmovilidad

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Introducción

El control de la postura y de la marcha son actividades complejas que requieren una correcta interacción del sistema nervioso y musculoesquelético, con el sistema visual y del equilibrio.

El envejecimiento va a determinar una serie de cambios fisiológicos en el organismo que justifican una cierta limitación de la movilidad. Dichos cambios son:

  • Músculo esqueléticos: Disminución de la masa y fuerza muscular, con la consiguiente disminución de la velocidad de contracción muscular. Además se produce una alteración de la coordinación, obteniéndose como resultado final la marcha senil.
  • Del sistema nervioso: Disminución de las distintas sensibilidades, con un enlentecimiento de los reflejos que mantienen la postura.
  • Cambios en los sistemas cardiovascular y pulmonar: Con un detrimento en la capacidad del anciano para adaptarse al ejercicio.

Junto a estos cambios asociados al envejecimiento, se deben considerar otros factores que también van a influir en la capacidad de desplazamiento de la persona anciana, y que son frecuentes en esta edad, tales como problemas médicos crónicos, problemas psico-sociales (soledad y falta de apoyo social) o la existencia de barreras arquitectónicas en el hogar que dificultan los movimientos (obstáculos en el domicilio, inexistencia de elementos de ayuda como bastones, andadores, pasamanos...).

La capacidad de movilidad o desplazamiento resultan imprescindibles en una persona para mantener una correcta autonomía, y es considerado a su vez, un indicador del nivel de salud y calidad de vida del anciano. La pérdida de movilidad conduce a la disminución de su independencia. Además el anciano inmovilizado es considerado un paciente de alto riesgo para la aparición de complicaciones médicas, pasa a ser dependiente para las actividades básicas de la vida diaria, y aumenta por ello el riesgo de institucionalización, así como la mortalidad.

Por tanto, podemos definir la inmovilidad como la disminución de la capacidad de desplazamiento de la persona en el medio que le rodea, con una disminución de la capacidad para desempeñar actividades de la vida diaria y, por tanto, una merma de su autonomía.

Este síndrome geriátrico se caracteriza por una escasa tolerancia al ejercicio, una progresiva debilidad muscular y, en casos extremos, incluso la pérdida de los reflejos posturales que imposibilitan la recuperación de la deambulación. Es por ello bien conocido que la inmovilidad genera más inmovilidad, con independencia de posibles enfermedades asociadas, y es en general multifactorial, con evolución progresiva y difícilmente reversible.

La inmovilidad aguda, entendida como el episodio de declive rápido de la movilidad durante un mínimo de tres días, constituye una auténtica urgencia médica y requiere una atención inmediata, tanto por su pronóstico funcional, como por la elevada mortalidad que conlleva, un 33% de fallecimientos a los tres meses y 58% al año.

Puede diferenciarse en dos tipos el síndrome de inmovilidad:

  • Relativo o parcial, en el que el anciano lleva una vida sedentaria, pero es capaz de movilizarse, con limitación de determinados movimientos y ejercicios musculares, pero que no impiden el desarrollo de una vida relativamente normal,
  • Absoluto o total, que implica un encamamiento crónico, requiriendo una dependencia total.

Se estima que un 1% de la población anciana presenta inmovilización total y un 6% tiene graves limitaciones para la realización de las actividades de la vida diaria. La inmovilidad aumenta con la edad, es mayor en mujeres, niveles socioeconómicos y culturales bajos, y en pacientes institucionalizados.

Las posibles causas del síndrome de inmovilidad o síndrome por desuso son numerosas, tal como se mencionó al principio (enfermedades, cambios fisiológicos, factores sociales, ambientales..), pero podemos considerar que la principal causa es el encamamiento prolongado del paciente tras enfermedades agudas, sobre todo en casos de hospitalizaciones prolongadas que mantienen al anciano encamado durante largos periodos de tiempo.

A continuación se muestran enfermedades frecuentes en los mayores que motivan inmovilidad, y que son:

  • Enfermedades musculoesqueléticas: Artrosis, osteoporosis, fracturas de cadera, artritis, patología podológica y ungueal, polimialgía reumática, etc...;
  • Enfermedades neurológicas: Accidentes cerebrovasculares, enfermedad de Parkinson, demencias, etc....
  • Enfermedades cardiorrespiratorias: Insuficiencia cardiaca grave, cardiopatía isquémica severa, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad vascular periférica severa, etc...
  • Enfermedades neurosensoriales: Déficit visuales, auditivos, vértigo posicional benigno, etc...
  • Causas psicológicas: Miedo a caer, depresión grave, falta de motivación, etc...
  • Causas endocrino metabólicas: Hipotiroidismo, alteraciones hidroelectrolíticas, deshidratación, etc.
  • Debilidad generalizada: por neoplasias terminales, malnutrición, anemias severas, etc.
  • Causas iatrogénicas: Fármacos, hospitalización prolongada, etc...

Última actualización: del 2006

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Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.
Mónica Ruiz Ruiz. Medico Residente de Geriatría H. C. San Carlos. Madrid .
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.

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