La incontinencia urinaria es un síndrome geriátrico que supone un importante problema en la población geriátrica, ya que además de los inconvenientes clínicos que conlleva, entraña una considerable repercusión psico-social en el anciano.
No debe ser considerada como una parte normal del envejecimiento.
La continencia urinaria es una función básica adquirida en la infancia, y su pérdida debe ser siempre interpretada como síntoma de una disfunción.
Las cifras de prevalencia en la población anciana oscilan dentro de amplios intervalos. Se considera que aproximadamente un 10-15% de las personas mayores de 65 años que viven en la comunidad sufren incontinencia, frente al 30-40% en el caso de pacientes ingresados en un hospital por un proceso agudo, alcanzando su máxima prevalencia (50-60%) en los pacientes institucionalizados.
Pese a estas elevadas cifras de casos, y a pesar del deterioro que la incontinencia urinaria genera sobre la calidad de vida del que la sufre, sorprende el bajo índice de consulta por este motivo. Solo un tercio de los pacientes ancianos incontinentes consultan al médico sobre este problema. Por ello, es que se recomienda que de forma sistemática se investigue acerca de la continencia urinaria al recoger la historia clínica general.
Es importante destacar las repercusiones que este problema conlleva, ya que afecta a distintas áreas del paciente, deteriorando su calidad de vida. Así puede afectar al:
Área física, produciendo irritación de la piel, celulitis, infección, etc....
Área psicológica, favoreciendo la aparición de depresión, ansiedad ante los escapes, etc...
Área social, pudiendo llevar al paciente a aislarse socialmente, sin querer salir por vergüenza, etc....
Área económica, dado que el uso de fármacos y medidas paliativas, como pañales, compresas,... puede suponer un importante gasto, sobre todo para economías ya precarias.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.