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Neuro-psiquiatría en geriatría

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Introducción

Salud Mayores. Neuro-psiquiatría en geriatría. Deterioro cognitivo. Introducción

El deterioro cognitivo, y más concretamente la demencia, es la patología neurológica más frecuente e incapacitante en el paciente anciano. Constituye un problema de salud pública de primer orden, sólo después del cáncer y del infarto agudo de miocardio.

La demencia afecta en su conjunto a cerca del 5% de las personas de 65 años, incrementándose de forma exponencial según avanza la edad, hasta alcanzar cifras de alrededor del 30% a los 85 años. Cálculos estimativos auguran la existencia de 10 millones de personas aquejadas de demencia en el 2025 en los países desarrollados y 24 millones más en los países en vías de desarrollo. En España existen aproximadamente 600.000 personas afectas.

La cifra global de prevalencia, en cualquier caso, no debe ocultar la distribución por edad, con una cifra muy baja a los 65 años (0,8%). Sin embargo, a partir de ahí, la prevalencia se dobla cada 5 años y llega a ser del 28,5% a los 90 años o más.
La demencia más frecuente es la enfermedad de Alzheimer o Demencia Tipo Alzheimer (DTA), a la que sigue la demencia vascular o multiinfarto. La DTA es más frecuente en mujeres que en varones.

Ofrecer una definición no es fácil, ya que no hay un límite perfectamente establecido entre "fisiológico" y "patológico", dado que las capacidades vienen condicionadas por aspectos genéticos, culturales, laborales y económicos.

Con la edad, el sistema nervioso sufre múltiples cambios que afectan a todos los niveles funcionales en mayor o menor grado:

  • Al 50% de la gente mayor le falla la memoria.
  • Disminuyen notablemente las funciones visuales espaciales y perceptivas, la memoria, la velocidad de procesamiento de la información y la flexibilidad cognitiva.
  • En cambio, se conserva el lenguaje, los olvidos no van en aumento, se acentúan los rasgos de la personalidad y se mantiene la capacidad de razonar. 

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El anciano sano se da cuenta de sus crecientes limitaciones, pero éstas no interfieren en las actividades sociales o laborales, destacando como una de las características que mejor diferencia el envejecimiento normal de la demencia. La conciencia de los síntomas se contrapone con la ignorancia de los déficits que se da en la demencia. Por tanto, la demencia no es parte del envejecimiento normal.

Las quejas subjetivas sobre pérdida de memoria aumentan con la edad (50% de los mayores de 80 años). Estas se dan también en personas sin deterioro patológico y no se dan, por el contrario, en una proporción considerable de enfermos de Alzheimer. Además, la depresión aumenta esas quejas subjetivas, que tienden también a producirse en personas que se preocupan con facilidad, autocríticas o en quienes están sujetos a un nivel de exigencia elevada.
 

Deterioro significa, lógicamente, la pérdida de algo que anteriormente se poseía. El deterioro cognitivo se refiere a la pérdida de las facultades intelectivas. El síndrome demencial supone el deterioro de la memoria y de otras dos o más funciones cognitivas (orientación, cálculos sencillos, capacidad de planificación, lenguaje hablado y escrito, etc.) Para ser clínicamente relevante y cumplir los criterios diagnósticos, sin embargo, el deterioro de las facultades anteriores tiene que causar una dificultad en el desempeño de las actividades cotidianas (llamar por teléfono, orientarse en calles cercanas, hacer las pequeñas compras, responsabilizarse de la medicación, etcétera), lo que, consecuentemente, lleva a la dependencia. Todo ello se da en un estado de consciencia clara, alerta (diferencia fundamental con el delirium) y con una duración suficiente.

Es bien conocido el sufrimiento que puede causar al individuo una demencia y la incapacidad que produce, extrema en casos avanzados. No hay tanta información sobre las complicaciones conductuales que se pueden generar en algún momento de su evolución (en más de la mitad de los casos), motivo a menudo de las mayores dificultades para familiares y cuidadores.

En cualquier caso, el malestar psíquico en el cuidador es la norma en las enfermedades prolongadas en el tiempo y en un momento determinado afecta a la mitad de ellos. Finalmente, los costes de las demencias son muy elevados: en nuestro entorno y en pacientes con DTA ambulatorios, suponen más de 18.000 euros al año en proporción al grado de incapacidad. Se ha estimado que los costes máximos corresponden a los cuidadores, que son los que llevan el mayor peso tanto económico como emocional.

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Dra. Montse Queralt
Especialista en Medicina de Familia y Geriatría
Médico Consultor de Advance Medical
 

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