
Algunos ancianos o sus familiares piensan erróneamente que la somnolencia diurna es normal en la vejez, así como creen que las personas mayores necesitan dormir menos, por lo que puede influir en que no informen de sus problemas a su médico. Esto hace que, junto a que los ancianos suelen sobrevalorar o infravalorar la duración y calidad de su sueño, sea a veces difícil detectarlos y por tanto establecer su tratamiento. En otras ocasiones los cuidadores creen que la persona mayor debe acostarse temprano y despertarse tarde, con unas expectativas desproporcionadas respecto el sueño de los mayores.
Por todo esto en las personas mayores debe confirmarse que realmente exista insomnio y con la colaboración del paciente, sus familiares y cuidadores (en especial si conviven con el anciano) y su pareja se debe averiguar lo siguiente:
Así pues, el diagnóstico del insomnio no se basa exclusivamente en la cantidad de horas dormidas, sino en la existencia de signos derivados de la deprivación de sueño durante el día. Así, si el paciente se siente cansado, se duerme con facilidad, tiene falta de concentración o aparecen alteraciones psicológicas o enfermedades físicas relacionadas, se podrá pensar que realmente el paciente padece un trastorno del sueño.
Al contrario, aunque el paciente refiera alteraciones
subjetivas del sueño, si durante el día se muestra
activo, colaborador y sin la necesidad de dormir, se
considerará que el paciente ha tenido un "sueño
reparador", suficiente para el mantenimiento de la
homeostasis de sus funciones orgánicas y psicológicas,
prescindiendo de las quejas subjetivas de "pocas
horas dormidas".