El desarrollo de infecciones en las personas de edad avanzada tiene gran importancia, tanto por su alta incidencia como por sus consecuencias a corto y largo plazo. Muchos de los síndromes geriátricos pueden ser desencadenados o agravados por la presencia de infecciones en el anciano, en especial en el caso de ancianos frágiles o con múltiples patologías.
Los cambios en el sistema inmunitario debidos al proceso de envejecimiento, los cambios en la estructura y composición de la piel y las mucosas y las posibilidades de defensa y recuperación ante la agresión que representa una infección hace que éstas puedan tener consecuencias mucho más importantes que en el caso de los adultos jóvenes. Es más, la presentación con clínica diferente a la habitual en pacientes más jóvenes hace que las infecciones en pacientes ancianos sean algo más difíciles de identificar.
Es por ello que la prevención primaria (evitar la enfermedad antes de que aparezca) es la principal medida contra las infecciones en los ancianos. Así, además de la necesidad de mantener un óptimo estado nutricional y de hidratación y del control de todas las posibles enfermedades y afecciones intercurrentes, es de especial importancia para los ancianos el tema de la vacunación.
Las principales inmunizaciones recomendadas en las
personas mayores son:

El tétanos es una enfermedad muy grave y de alta mortalidad, pero es ya una enfermedad muy infrecuente en los países desarrollados. No obstante, más de la mitad de los casos todavía existentes se dan en ancianos por lo que la revacunación antitetánica de los adultos cada 10 años es una medida recomendable, así como la vacunación primaria si no hay contraindicación. Por tanto es recomendable indagar en la situación de vacunación de las personas mayores.