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Infecciones urinarias

¿Qué es ?

La infección urinaria supone la presencia de microorganismos en el tracto urinario. Puede tratarse de una infección con sintomatología que afecte al riñón (infección de las vías urinarias altas o pielonefritis), o que afecte a la vejiga (infección de vías urinarias bajas o cistitis), o puede presentarse sin clínica (bacteriuria asintomática). Es un motivo de consulta muy frecuente y muy importante por las posibles alteraciones que puede acarrear a largo plazo (hipertensión arterial, insuficiencia renal).

¿Cómo se produce?

Globalmente, abarcando todas las edades, afecta con más frecuencia a niñas que a niños, pero en menores de un año la incidencia es superior en varones. Generalmente los gérmenes acceden al tracto urinario por vía ascendente, es decir, por la uretra, procedentes de los genitales o del tubo digestivo (el ano se localiza muy próximo al orificio externo de la uretra). En el primer mes de vida también es frecuente que los microorganismos lleguen al riñón por la sangre. Circunstancias que favorecen la producción de estas infecciones son: cortedad de la uretra femenina, falta de control completo del esfínter urinario durante el aprendizaje de la continencia, higiene incorrecta o ausencia de la misma, fimosis, malformaciones urogenitales, enfermedades de base del tracto urinario, etc...

Síntomas

Las manifestaciones clínicas varían según el tipo de infección, de vías urinarias altas o bajas, y según la edad del afectado. En neonatos (recién nacido hasta los 28 primeros días de vida) y lactantes los síntomas son bastante inespecíficos, no señalan claramente el origen urinario de la infección y no permiten decantarse por infección de vías altas o bajas, como sí ocurre en el niño mayor. Los recién nacidos pueden presentar rechazo del alimento, vómitos, irritabilidad o apatía, baja ganancia de peso, diarrea, convulsiones, ictericia, etc... Los mayores de un mes suelen comenzar con fiebre sin un origen claro, a lo que se puede ir añadiendo rechazo de las tomas, dolor abdominal, mal olor de la orina, irritabilidad, baja ganancia de peso, etc...

Diagnóstico

El diagnóstico inicial se realiza mediante la clínica y pruebas analíticas de orina y/o sangre, que ofrecen signos indirectos de infección urinaria (leucocitos aumentados y presencia de nitritos en la orina). La confirmación del diagnóstico se alcanza tras varios días de cultivo de una muestra de orina tomada mediante diferentes técnicas ( recogida en un bote de la parte media de la micción, recogida de orina en una bolsa estéril adhesiva, muy usada en lactantes, sondaje vesical y punción suprapúbica aspirativa, por la que accedemos directamente a la vejiga desde el exterior).

Tratamiento

El tratamiento se basa en la administración de antibiótico, en principio, el más adecuado, teóricamente, para la edad y circunstancias del paciente, en espera de los resultados del cultivo. Si el cultivo descarta el diagnóstico de infección, se retira el tratamiento, si lo confirma, se continúa con el antibiótico.

Además se efectuarán algunas pruebas de imagen (ecografía, gammagrafía renal, cistografía, etc...) para descartar daños estructurales y funcionales en el sistema urinario, pruebas diferentes según la evolución y antecedentes de cada niño. Hasta su consecución, se mantiene la toma de antibiótico.

En otras circunstancias también se mantiene la administración de antibiótico, profilácticamente, tiempo después de la resolución de la infección. Es el caso de los niños con pielonefritis aguda, o con 3 ó más infecciones en un año, o con reflujo vesicoureteral.

Última actualización: del 2006

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Marta Bueno Barriocanal.
Licenciada en Medicina por la Universidad Autónoma de Madrid.
Médica Residente de Pediatría en el Hospital Universitario de Getafe.
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.

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