La infección urinaria se define como la presencia de microorganismos en cantidad significativa en una o varias estructuras del tracto urinario. Clásicamente puede dividirse en infección urinaria "alta" o "baja" según el origen de la infección, aunque desde un punto de vista pronóstico y terapéutico podría diferenciarse entre infección de parénquima y de vías urinarias.
Bacteriuria se refiere a la presencia de bacterias en la orina, puede acompañarse de piuria o no, y así mismo puede ser o no sintomática. Se considera "bacteriuria significativa" a un recuento de colonias mayor o igual a 100.000/ml de orina, o bien cualquier recuento si la orina se ha obtenido mediante punción suprapúbica.
La "bacteriuria sintomática" se trata teniendo en cuenta el lugar anatómico donde asienta la infección. La "bacteriuria asintomática" en algunos casos no es preciso tratarla, siendo sólo obligado hacerlo en pacientes de "alto riesgo".
Los grupos de riesgo más importantes de presentar bacteriuria son:
Podemos diferenciar entre infección urinaria "no complicada" y "complicada" según el tracto urinario sea normal o no funcional y estructuralmente, y estén causadas o no por patógenos habituales y fácilmente erradicables.
La "profilaxis antimicrobiana" se refiere a la prevención de las reinfecciones del tracto urinario mediante la administración de drogas antimicrobianas.
La "reinfección urinaria" es una infección recurrente del tracto urinario por gérmenes diferentes en cada ocasión, es decir cada infección es un evento nuevo. La "recaída urinaria" es una infección recurrente causada siempre por el mismo patógeno. En la "persistencia bacteriana" se consigue la esterilización de la orina durante el tratamiento pero sin conseguir la erradicación del foco, así la bacteriuria persiste después del tratamiento.
La infección urinaria es el tipo más frecuente de infección bacteriana después de las respiratorias, y el trastorno más común del tracto urinario. En la infancia presenta una incidencia de 2:1000 neonatos, 1:1000 lactantes, 4.5 % en la edad preescolar, y el 2 % en la edad escolar. En este periodo las infecciones más frecuentes en el niño son las pielonefritis y la bacteriuria asintomática, y en las niñas también aunque con frecuencia inversa.
En los adultos jóvenes son escasas en el varón, generalmente en forma de prostatitis y uretritis, y habituales en la mujer en forma de cistitis, especialmente en el periodo de actividad sexual y en el embarazo.
En el varón aumenta la incidencia en la quinta y sexta década debido a la obstrucción prostática y las eventuales instrumentaciones urológicas que se realizan.
En los ancianos de ambos sexos debido a las alteraciones anatómicas y funcionales se eleva la incidencia, así como la infección iatrogénica debido a la necesidad de cateterismos u otro tipo de instrumentaciones.
Los microorganismos más frecuentemente causantes de infección urinaria son los bacilos Gram (-), y de ellos la familia de las enterobacterias, siendo la E. coli el germen más aislado. En los pacientes que contraen la infección urinaria en el hospital son más frecuentes los "gérmenes especiales" o las infecciones polimicrobianas. Los anaerobios raramente son patógenos en el tracto urinario. Los hongos, y especialmente la Cándida podemos encontrarlos en pacientes con catéteres permanentes que reciben tratamiento antimicrobiano prolongado. El Staph. saprophyticus suele causar infecciones en mujeres sexualmente activas. Los estafilococos suelen aparecer en el riñón por vía hematógena provocando abscesos corticales o perinéfricos. Los adenovirus pueden provocar cistitis hemorrágica, sobre todo en varones pediátricos.
Varios factores influyen en la aparición de la infección urinaria: la existencia de microorganismos, su poder patógeno, y la interacción entre el hospedador y el germen.
La vía ascendente desde la uretra es la vía habitual de llegada de los patógenos al tracto urinario. Los traumatismos mecánicos o instrumentales facilitan el ascenso microbiano. La vía hematógena es más rara, pudiendo explicar pielonefritis y abscesos en pacientes con bacteriemia o endocarditis estafilocócicas. Respecto a la vía linfática es puesta en duda.
Última actualización: del 2006
Natalia Pérez Romero.Médica Residente Urología.Hospital Clínico San Carlos.Madrid.