Es una anomalía relativamente común en la cual el meato uretral se abre en el lado ventral del pene, cerca de la punta del glande, que condiciona que el niño incluso tenga que sentarse para orinar.
El hipospadias es un defecto congénito que llega a afectar a 3 de cada 1000 recién nacidos varones. La administración de estrógenos o progestágenos durante el embarazo puede aumentar su frecuencia de aparición.
Las manifestaciones más severas del hipospadias se presentan cuando el orificio peneano se encuentra en la mitad del miembro o en la base. Ocasionalmente, la abertura se encuentra localizada en el escroto o el perine (por detrás del escroto)
Por tanto, según la localización de la abertura uretral podemos hablar de hispospadias glandular (glande proximal), coronal (surco coronal), corporal (cuerpo del pene), penoescrotal y perineal. Casi el 70 % son glandulares o coronales.
Esta anomalía tiende a estar acompañada de un encordamiento, una ajustada banda fibrosa que produce una curvatura hacia abajo del pene y que se observa durante la erección.
Algunos casos son hereditarios, aunque no se han establecido caracteres genéticos específicos.
El diagnóstico se realiza con el examen físico. Se pueden necesitar estudios radiológicos, generalmente urografía intravenosa, sobre todo en los casos que el hipospadias acontece en la base del pene para descartar otras posibles anomalias congénitas.
Los bebés con hipospadias no deben ser circuncidados. Se debe preservar el prepucio para utilizarlo en una posible reparación quirúrgica posterior, la cual suele llevarse a cabo antes de que el niño alcance la edad escolar.
En la actualidad, la mayoría de los urólogos recomiendan la reparación antes de los 18 meses de edad. Durante la cirugía se endereza el pene extirpando los cordones fibrosos, se corrige quirúrgicamente el defecto de hipospadias mediante adelanto y reconstrucción uretral utilizando para ello injertos de tejido tomado generalmente de prepucio. Es posible que sea necesario realizar la reparación por etapas, requiriendo por tanto múltiples cirugías.
Los resultados después de la cirugía son relativamente buenos, así la mayoría de los pacientes pueden llegar a orinar de pie y depositar el semen en vagina. Las principales complicaciones son la recurrencia del encordamiento, la aparición de fístulas y estenosis uretrales.
Última actualización: del 2006
Natalia Pérez Romero.Médica Residente Urología.Hospital Clínico San Carlos.Madrid.