El ginseng (Panax ginseng C.A. Meyer) es una de las plantas medicinales de uso más antiguo. Su utilización es muy relevante en la Medicina Tradicional China (MTC) y, según algunos autores, su conocimiento se remonta a alrededor de 5.000 años a.C.

Las virtudes de sus raíces (parte de la planta utilizada) fueron ya descritas por el emperador Shen Nong (alrededor de 2700 a.C), que era conocido como el “granjero divino” por haber estudiado más de 100 plantas con poderes curativos, y que atribuía al ginseng la capacidad de devolver la fuerza a los órganos vitales (corazón, pulmón, hígado, riñones y bazo), calmar el espíritu y la ansiedad, desarrollar la inteligencia y regular la energía vital.
Su uso en Occidente, aunque más reciente, se remonta a finales del siglo XVI, cuando la raíz de ginseng fue introducida por los mercaderes holandeses. Las primeras descripciones llegaron de mano de los relatos de los misioneros jesuitas establecidos en China y el sudeste asiático, y hacen referencia principalmente a sus aspectos botánicos, sus propiedades tonificantes y vitalizantes y la presunción de que su consumo podía alargar la vida. Desde entonces, y hasta la fecha, el ginseng ha sido objeto de numerosas investigaciones.
Aunque el ginseng más conocido en Europa es el Panax ginseng, planta de la familia de las Araliaceae cuyo hábitat natural comprende diferentes regiones asiáticas (China, Corea -el de calidad más reputada-, Japón, etc.), existen distintas variedades según su procedencia geográfica. Así en, Japón, sur de China e India, crece la variedad Panax japonicus CA Meyer o Panax repens (ginseng japonés o ginseng bambú), y en Canadá y América del Norte crece la variedad Panax quinquefolium L (ginseng americano), entre otras variedades.
Aunque se les atribuyen propiedades parecidas, la
composición química de las raíces de ginseng varía con
la especie. Un mención especial merece el llamado
ginseng siberiano (Eleuterococcus senticosus Maxim.), ya
que aunque es una planta que pertenece a la misma
familia, no debe confundirse. Tiene en común con el
ginseng que se utilizan también las raíces y que tiene
algunos efectos fisiológicos similares.
En la antigua China ya se utilizaba esta raíz, cuya forma recuerda a la de un hombrecillo, para devolver la fuerza, calmar el espíritu y la ansiedad, desarrollar la inteligencia y devolver la vitalidad. En la actualidad, los distintos estudios llevados a cabo han confirmado su capacidad para aumentar la capacidad de resistencia a las situaciones de estrés y mejorar de forma general la forma física y el rendimiento mental. Se ha comprobado, además, que el ginseng tiene capacidad para aumentar la resistencia a la fatiga y mejorar la tolerancia al frío y al cansancio. Otros estudios apuntan a que puede mejorar la concentración y memoria de personas sanas y reforzar las defensas naturales contra diferentes infecciones como gripes o resfriados. También se ha visto que es capaz de mejorar el rendimiento físico e intelectual y la tendencia a la fatiga, por desgaste de la edad, de las personas mayores.

Lo más frecuente es tomarla en formas dosificadas como comprimidos, cápsulas, o ampollas bebibles. En estos casos deben seguirse las pautas de dosificación marcadas por el fabricante. También se puede encontrar en forma de infusión, e incluso en forma de infusión instantánea (para disolver en frío o caliente); tiene un sabor agradable y puede tomarse el equivalente 1 a 2 gramos al día (nunca más) repartidos en dos o tres infusiones.
Asimismo, se encuentra a menudo en combinación con otras
sustancias naturales como la jalea real y/o vitaminas,
que refuerzan su acción tónica y defatigante (seguir las
pautas de dosificación del fabricante).
Para preparar la infusión, se hierve un gramo de raíz de ginseng en 200 ml de agua durante unos minutos. Dejar reposar el recipiente tapado y colar. Algunos autores de la medicina tradicional china, aconsejan tomar esta infusión tibia o a temperatura ambiente.
En caso de hipertensión, debe utilizarse con precaución y controlar la tensión arterial para comprobar que no causa ninguna alteración en la misma. En estados de ansiedad también debe prestarse atención ya que, aunque se ha observado que cuando está causada por una situación de estrés suele mejorar, no puede descartarse un aumento del nerviosismo o la ansiedad en personas nerviosas.
El ginseng puede interaccionar con medicamentos contra el Parkinson, anticoagulantes y antidiabéticos, por lo que personas con estos tratamientos no deben tomarlo sin control de su médico. En caso de otros tratamientos crónicos, deben consultar con su médico o su farmacéutico. Por falta de estudios no debe utilizase en embarazo o lactancia sin control médico.