El insomnio se puede clasificar de varias formas,
teniendo especial interés práctico valorarlo en función
de su severidad, duración y momento de inicio a lo largo
de la noche. Así pues, se habla de:
- Insomnio transitorio: su duración es inferior a una
semana. Suele ser autolimitado y con un claro
desencadenante, que en el caso de los ancianos,
suelen ser los cambios de domicilio o dormitorio o
las enfermedades agudas intercurrentes.
- Insomnio de corta duración: su duración se mantiene
durante un máximo de 3-4 semanas. Frecuentemente su
factor desencadenante es un trastorno
afectivo-emocional, como la perdida de un ser
querido o problemas con familiares o amigos.
Ocasionalmente esta causado por problemas orgánicos
agudos graves. Hay que tener en cuenta que muchos de
ellos pueden cronificarse.
- Insomnio crónico: es aquel que tiene una duración
mayor de 4 semanas, incluso pudiendo durar meses o
años. Aunque algunos tienen una causa orgánica
reconocible, suelen plantear problemas tanto de
severidad como para conocer su causa. Dentro de este
grupo se incluye el ocasionado por fármacos,
alcohol, trastornos psicológicos, alteración del
ritmo vigilia/sueño y el llamado insomnio
"condicionado", que se caracteriza por tratarse de
sujetos que tienen tendencia a dormirse en
determinadas situaciones, como por ejemplo al ver la
televisión, presentando después dificultades para
conciliar el sueño por la noche.
- Insomnio de conciliación o precoz: aparece al
comienzo de la noche y se considera cuando se tarda
en conciliar el sueño más de media hora. Puede ser
debido a patología ansiosa, comidas demasiado
abundantes en la noche, calor excesivo en la
habitación, preocupaciones recientes o consumo de tóxicos.
- Insomnio intermedio: se sufren despertares
frecuentes durante la noche, aunque se haya dormido
bien al inicio. Este tipo de insomnio es frecuente
en los síndromes dolorosos, en el síndrome de
piernas inquietas, en enfermedades prostáticas, en
las insuficiencias cardiorespiratorias y en diversos
cuadros psiquiátricos.
Asimismo, con la edad, ocurren cambios en el reloj
biológico o ritmo circadiano, de tal manera que a medida
que se envejece éste se avanza, produciendo un adelanto
de la fase de sueño, de ahí que muchos ancianos se
quejen de despertarse pronto por la mañana y ser
incapaces de volver a dormirse. Estas personas empiezan
a sentir sueño al final de la tarde, alrededor de las
20-21 horas, despertándose de madrugada. Por esto mismo,
aunque retrasen su hora de acostarse, seguirán
despertándose de madrugada, lo cual significa que sólo
duermen unas 5-6 horas, según su reloj biológico
adelantado. Estos ancianos requieren como mejor
tratamiento la exposición a la luz solar al mediodía o
primera hora de la tarde.
Como trastornos primarios del sueño de elevada frecuencia
en el anciano que pueden manifestarse como insomnio con
frecuentes despertares nocturnos y somnolencia diurna,
cabe destacar:
Dra. Montse Queralt