Son enfermedades que se distribuyen por toda la franja tropical del planeta y están producidas por nemátodos titulares o "filarias", así como por sus larvas o "microfilarias".
Se pueden clasificar según la localización del verme adulto en:
Debido a las potenciales repercusiones genitourinarias, el grupo que más nos interesa es el de las filarias "linfáticas", y dentro de éste la especie más importante es la Wuchereria bancrofti, que es la filaria más difundida entre la especie humana.
Es un gusano blanco de 4-10 cm de longitud que habita en el sistema linfático, pudiendo sobrevivir en el mismo 10-15 años. Las hembras liberan larvas o "microfilarias" que pueden desembocar en el torrente sanguíneo. Se transmite por la picadura de mosquito, que puede absorber las microfilarias durante la "fase sanguínea" y depositarlas en otro hospedador mediante una nueva picadura en su piel, para posteriormente trasladarse al sistema linfático.
La presencia de los parásitos en los linfáticos va a desencadenar la inflamación crónica de éstos, pudiendo llevar a una obstrucción linfática total. Las principales formas clínicas son las "Fiebres filáricas" y la "Obstrucción linfática"
Las "Fiebres filáricas" se deben a episodios de linfangitis o linfoadenitis. Cursan con fiebre, cefalea y malestar general asociado a un aumento del tamaño y la sensibilidad de los linfáticos. Afecta sobre todo a las extremidades inferiores y los genitales ocasionando funiculitis y orquiepididimitis, y con menor frecuencia a los miembros superiores y la mama.
La "Obstrucción linfática" aparece después de años de infestación, y es secundaria a la inflamación crónica de las vías linfáticas provocando un linfedema firme y duro con engrosamiento esclero-fibroso de la piel, sobre todo a nivel de miembros inferiores y penoescrotal ("Elefantiasis"). Estas lesiones tienen especial propensión a sobreinfectarse con hongos y bacterias.
Otras complicaciones son la ascitis quilosa y el quilotorax.
Por lo tanto, las lesiones genitourinarias secundarias a la infestación por filarias pueden resumirse en:
El diagnóstico se basa en la identificación de la microfilaria en sangre (aunque también puede aislarse en el líquido del hidrocele y en orina), asociado a eosinofilia marcada y positividad a antígenos antifilariásicos en los test inmunológicos. En las pruebas de imagen puede objetivarse la obstrucción del sistema linfático e incluso el paso de contraste a la vía urinaria si existe fístula en la linfografía.
El tratamiento de elección es la dietilcarbamazina. Siendo muy importante mantener una adecuada higiene de la piel e iniciar tratamiento antibiótico precoz en los casos de sobreinfección bacteriana.
Última actualización: del 2006
Natalia Pérez Romero.Médica Residente Urología.Hospital Clínico San Carlos.Madrid.