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Es una alteración genética que afecta a varias partes del
organismo que producen secreciones, dando lugar a un
aumento del espesor de las mismas y causando la
obstrucción de los canales que las transportan. El
estancamiento de estos líquidos tan espesos propicia las
infecciones e inflamaciones en estas zonas: pulmón,
hígados, páncreas y sistema reproductor.
Es una
enfermedad grave que hoy por hoy no tiene cura. Afecta a
1 de cada 3500 recién nacidos y 1 de cada 30 individuos
sanos son portadores de la enfermedad.
También se
conoce con el nombre de mucoviscidosis.
Es una enfermedad genética autosómica recesiva, es
decir, si se hereda el gen defectuoso de ambos padres se
padecerá la enfermedad, si se hereda un gen normal y un
gen defectuoso es portador de la enfermedad sin
padecerla pero con la posibilidad de transmitirla a la
descendencia.
El gen de la Fibrosis Quística se
aloja en el cromosoma 7.
Es debida a una pequeña
mutación genética que produce moco y secreciones
espesas, que taponan los conductos y dañan a los órganos
y a su función.
Los síntomas más característicos de la enfermedad son:
sabor salado de la piel, problemas respiratorios,
digestivos, diabetes y poca ganancia de peso.
Las
manifestaciones de la enfermedad, que son variables de
un niño a otro, van surgiendo con el paso del tiempo.
Inicialmente la afectación y los síntomas suelen
ser predominantemente digestivos (aumento de la grasa en
las heces por insuficiencia pancreática, desnutrición,
malabsorción intestinal, etc.) pero finalmente suelen
predominar los síntomas respiratorios, en forma de
infecciones pulmonares de repetición y daño pulmonar
progresivo.
El grado de afectación pulmonar es la
clave en el pronóstico de la FQ.
El diagnóstico precoz es fundamental para prolongar la
esperanza de vida de estos niños y mejorar la calidad de
la misma. En muchas Comunidades Autónomas se realizan
planes de diagnóstico precoz de Fibrosis Quística en los
primeros días de vida del niño (cribado neonatal). Es la
popularmente conocida “Prueba del talón”, que se
practica a partir de los 2 días de vida y que consiste
en obtener unas gotitas de sangre del talón del bebé
para analizar.
En los niños mayores en los que se
sospecha el diagnóstico, se debe realizar el test del
sudor: consiste en determinar la cantidad de cloro y
sodio que tiene el sudor. Si la prueba está alterada
(aumento de la concentración de sal en el sudor) se debe
estudiar la mutación del gen que causa la enfermedad en
el niño.

Es una enfermedad de la que se conocen muchos aspectos
pero que actualmente no tiene tratamiento curativo.
El tratamiento paliativo de los síntomas se debe aplicar
lo más precoz posible y se basa en tres pilares:
Cuando la enfermedad está en un estado muy avanzado,
existe la posibilidad de realizar un trasplante pulmonar
y/o hepático.
El organismo tiende a rechazar de
forma natural el pulmón trasplantado y, por ello, el
niño debe recibir, de por vida, un tratamiento
inmunosupresor para evitar el rechazo.