El principal mecanismo de producción de las úlceras por presión viene implícito en su nombre, es decir, la presión que ejerce un plano duro externo sobre una prominencia ósea. Este factor causal producirá sobre la piel y tejidos blandos disminución del aporte del riego sanguíneo, con obstrucción venosa y linfática, y por consiguiente, necrosis del tejido presionado. Es decir, cuando dicha presión se prolonga el tiempo suficiente, puede llegar a producir muerte, destrucción y ulceración del tejido, afectándose primeramente la piel, posteriormente la grasa subcutánea, tejido aponeurótico y muscular, y finalmente, incluso vasos, nervios y huesos. Puede haber daño irreversible al tejido (sobre todo en la piel del anciano) tan sólo 2 horas después del efecto de la presión continua.
Otros muchos factores de riesgo implicados en su producción, pueden ser agrupados en dos tipos:
Secundario al envejecimiento, se producen una serie de cambios fisiológicos en la piel y tejido celular subcutáneo favorecedores de la aparición de úlceras por presión. La piel se vuelve más laxa y arrugada, y existe una tendencia a perder tejido celular subcutáneo y a producirse deshidratación.
La pluripatología es más habitual en los ancianos. Cualquier enfermedad que provoque inmovilidad puede favorecer la aparición de úlceras por presión. Algunas de ellas son:
También existen signos y datos analíticos generales, presentes en muchas patologías, que predisponen a la aparición de las úlceras por presión, como son:
A la presión, ya comentada anteriormente, se pueden añadir otros factores extrínsecos que precipitan la aparición de estas lesiones cutáneas. Estos otros factores son:
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.