Las consultas por dolor se incrementan con la edad siendo el paciente geriátrico uno de los que más demanda atención por este motivo de consulta, sobre todo en atención primaria.
Muchas de las enfermedades típicas del anciano cursan con dolor, como por ejemplo la artrosis, el cáncer, las neuralgias o las afectaciones vasculares. Es importante recordar que hay que tener un especial cuidado en el manejo farmacológico en el anciano a la hora de tratar cualquier afección, como puede ser el dolor.
La pluripatología y los trastornos crónicos son algunos de los factores que encontramos en el anciano que van a hacer más frecuente la existencia de dolor y más difícil su manejo.
El tratamiento del dolor debe ser concebido como un concepto multidisciplinar pues tenemos a nuestro alcance medicamentos, fisioterapia, psicología y asistencia social, que deben compaginarse para su manejo.
La mayor parte de los estudios que se han realizado para valorar la diferencia en la percepción del dolor en el anciano se han llevado a cabo en el laboratorio, valorando el umbral de dolor, con resultados incongruentes con la metodología empleada. Salvando esta limitación la mayoría de los estudios demuestran que existe un aumento en el umbral del dolor con la edad, en particular el dolor térmico cutáneo. No queda claro si este hallazgo se relaciona más con déficit sensorial en las personas de más edad, o por un retraso en la respuesta de informar de que el estímulo es doloroso. Se requieren más estudios de tipo longitudinal pues son pocos los existentes con relación al umbral del dolor.
Las causas físicas que favorecen el dolor:
Todos estos factores que pueden aparecer en el anciano hacen que sea más complejo en este grupo poblacional tanto la valoración como el tratamiento del dolor.
Cuando el dolor se produce con los movimientos, el paciente va a desarrollar cada vez una vida más sedentaria favoreciendo la inmovilidad, que a su vez favorece la cronicidad del dolor, la incapacidad física que asocia frecuentemente depresión y por último invalidez, siendo ésta última la consecuencia final más frecuente del dolor.
Los síntomas acompañantes a la inmovilidad son:
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.