En algunas ocasiones la continuidad de la lactancia materna puede verse afectada por diversos factores: incorporación al trabajo de la madre, viajes, salidas puntuales fuera del domicilio sin el bebé…En estos casos, para mantener la producción de leche materna, si no es posible dar el pecho hay que realizar un método de extracción.
En otros casos la extracción de la leche materna puede
ser necesaria para aliviar las molestias del cúmulo de
leche, en casos de mastitis o bien por la toma de alguna
medicación por parte de la madre que no sea compatible
con la lactancia materna.
Antes de la extracción y la manipulación del pecho es aconsejable lavarse bien las manos. La ducha diaria será lo único necesario para la limpieza de las mamas.
Para estimular la bajada de la leche se deben preparar ambos pechos masajeándolos, frotándolos y sacudiéndolos para favorecer la salida o eyección de la leche.
El masaje debe hacerse con movimientos circulares de las yemas de los dedos y se puede aplicar calor local para favorecer la salida de la leche. Se deben masajear ambos pechos. Después se debe frotar con suavidad de la periferia del pecho hacia el pezón y sacudir ambos pechos suavemente hacia delante para que la gravedad favorezca la eyección de leche.
Es muy recomendable que la mujer esté en un lugar tranquilo y a poder ser que tenga cerca alguna foto del bebé o alguna pieza de ropa que pueda oler y tocar (lo ideal es abrazar al bebé, ya que este contacto físico piel con piel favorece la secreción de prolactina, la hormona que produce la leche).
Los tipos de extracción son dos y el tiempo necesario para la extracción suele ser de unos 30 minutos:
Lo ideal es que el bebé consuma la leche materna lo antes posible tras su extracción; en la mayoría de ocasiones esto no es posible y la leche debe ser almacenada.
Se deben guardar volúmenes pequeños de leche (máximo 100
ml) e identificar el recipiente con la fecha del día de
la extracción.
La conservación de la leche materna
se podría semejar a la de un bistec de carne, pero con matices.

Los mejores envases para congelación son por orden:
Limpieza de los envases
Se deben limpiar meticulosamente con agua caliente y
jabón, aclararlos bien y secar antes de cada uso. Puede
utilizarse el lavavajillas sin problemas. No se
recomienda la esterilización de forma rutinaria.
La leche se puede descongelar bajo el chorro de agua fría primero y gradualmente ir aumentando el calor del agua del grifo hasta que esté tibia, a unos 37º. También se puede descongelar pasándola del congelador al frigorífico o bien a temperatura ambiente.
Es correcto calentarla al baño María o con el calienta-biberones.
Siempre se debe agitar antes de comprobar la temperatura
(la mejor zona para comprobar la temperatura es en la
parte interna de la muñeca)
No se debe calentar
directamente en el fuego o en el microondas ya que las
inmunoglobulinas (defensas que la madre pasa al bebé
mediante la lactancia materna) pueden ser dañadas.
La leche descongelada se puede guardar en nevera 12 horas pero nunca volver a congelar.
Si se ha de transportar de un lugar a otro es imprescindible el uso de una bolsa isotérmica que mantenga la temperatura.
Olor rancio
Se puede notar que la leche tiene un olor rancio al descongelarla. Es por la acción de la lipasa de la leche. No hay evidencia de que esta leche ranciada sea perjudicial para el bebé, pero la mayoría la rechazan.
Para prevenirlo, se puede escaldar la leche (calentar
hasta observar que se empieza a formar espumita por los
bordes del recipiente) y luego dejar enfriar y congelar.
Una vez que tiene olor rancio no se puede hacer nada
para eliminarlo.