El estreñimiento no es una enfermedad, sino un síntoma. Con mucha frecuencia los ancianos presentan la consideración de que el estreñimiento viene definido por una defecación poco frecuente, por la emisión de heces duras o escasas, por la dificultad en su expulsión o por una sensación de evacuación incompleta.
El estreñimiento representa uno de los grandes Síndromes Geriátricos por su alta prevalencia, por sus graves complicaciones y por su importante incidencia en la calidad de vida del anciano.
En la práctica clínica, se define el estreñimiento en el anciano, a través de 2 criterios básicos:
Otros criterios de menor influencia pueden ser: heces grumosas, o duras, sensación de evacuación incompleta, defecación muy lenta, sensación de bloqueo anal o necesidad de ayuda manual para la defecación.
En las personas ancianas el estreñimiento se presenta con alta frecuencia, llegándose a estimar que hasta el 30% lo padecen en mayor o menor grado.
Los factores de riesgo principales, aparte de la edad, dependen de los hábitos y estilos de vida como el bajo consumo de fibra o la pobre ingestión de líquidos o el sedentarismo. Muchas enfermedades de base pueden desarrollar la existencia de estreñimiento (como la diabetes o el hipotiroidismo, la demencia, el Parkinson, etc.), los desequilibrios electrolíticos y algunos fármacos.
Los tipos más frecuentes de estreñimiento son:
Según su duración:
Según sus causas:
Lesiones estructurales del colon y del canal anal: adenocarcinoma de colon, diverticulitis, colitis isquémica, enfermedad de Crohn, vólvulos intestinales, alteraciones posquirúrgicas, hernias, fisuras, hemorroides por y/o del esfínter anal o alteraciones higiénico-dietéticas (dieta escasa en fibra, escaso ejercicio físico, alteraciones emocionales o factores inapropiados del medio ambiente).
El estreñimiento se diagnostica a través de la Valoración Geriátrica Integral y la exploración física completa, y debe preguntarse sistemáticamente por el hábito intestinal, la consistencia y color de las heces, el esfuerzo y la duración de la defecación, etc. En algunos casos será necesaria la realización de exploraciones complementarias.
Sin tratamiento, el estreñimiento puede producir complicaciones tales como la impactación fecal, fecalomas, incontinencia fecal, obstrucción intestinal, megacolon, prolapso rectal, fisuras anales, hemorroides, vólvulos, infecciones o síncopes debidos a los esfuerzos defecatorios intensos. También se ha relacionado un aumento de los casos de cáncer de colon entre personas con estreñimiento crónico, especialmente en mujeres.
Hay que tener en cuenta que la falta de intimidad en algunas circunstancias puede inhibir el reflejo defecatorio y producir estreñimiento en algunos ancianos, por lo que el mantenimiento de la intimidad en el acto defecatorio suele ser imprescindible para mantener un correcto hábito intestinal.
El objetivo de tratamiento debe ser la normalización de la defecación a través de un mayor confort defecatorio, consiguiendo unas heces más blandas. El tratamiento debe iniciarse a través de las medidas correctoras de los hábitos y estilos de vida en cuanto a dieta y ejercicio físico: dieta rica en fibra, hidratación abundante, evitación del sedentarismo, educación del hábito intestinal y revisión del tratamiento farmacológico que sigue el paciente.
En caso necesario se pueden utilizar fármacos laxantes, proquinéticos o enemas, pero su uso se recomienda que sea restringido a cortos períodos de tiempo.