Retraso o dificultad para la defecación durante dos o más semanas, eliminando deposiciones duras o incompletas, con esfuerzo y dolor para defecar. El número de deposiciones no se utiliza en la definición ya que el patrón defecatorio normal es cambiante con la edad.
El 90% de los casos es de causa desconocida y sin alteración orgánica subyacente, se conoce como estreñimiento funcional. El restante 10% se debe a enfermedades orgánicas y precisará un estudio y tratamientos específicos.
Sus causas son variadas: cambios en la dieta (ricas en proteínas y/o grasas, deficientes en líquidos), retirada del pañal, enfermedad concomitante, predisposición familiar,...
Lo esencial ante un caso de estreñimiento crónico es romper "el círculo vicioso" que se instaura y que perpetúa la alteración: La retención de heces provoca que éstas se endurezcan al reabsorberse su contenido de agua, lo que hace dolorosa su evacuación, incluso provocando fisuras y sangrado, por lo que el niño inhibe voluntariamente la defecación, empeorando el estreñimiento. En algunos casos, las heces acumuladas terminan por impactarse e, incluso, ser expulsadas involuntariamente por rebosamiento.
Para acabar con éste "círculo vicioso" se debe forzar la expulsión de las heces retenidas para después iniciar el tratamiento a largo plazo que prevenga el estreñimiento. Según el grado de estreñimiento se emplean diferentes alternativas:
1) Desimpactación:
Vaciamiento del tramo final del intestino grueso cuando en éste se albergan heces duras difícilmente expulsables por el lactante sin ayuda. Se debe resolver la retención con soluciones evacuantes (de administración oral), con enemas y con supositorios. El tratamiento dura no más de 5 días e irá seguido del manejo a medio largo plazo descrito a continuación.
2) Tratamiento de las heridas que a veces se forman en los márgenes del ano: cicatrizan mediante cremas y baños con antisépticos.
3) Dieta rica en líquidos y en fibra: zumos o papillas de frutas como la naranja, el kiwi o la ciruela, cereales, legumbres, verduras,... La dieta puede ser suficiente para erradicar el problema.
4) Entrenamiento para conseguir un adecuado hábito defecatorio: sentar al niño en el servicio a una hora determinada, todos los días, después de alguna comida. No se le debe increpar con reproches si no consigue evacuar, aunque sí felicitarle si lo logra y, por supuesto, recompensar el esfuerzo, sea cual sea el resultado. El entrenamiento es fundamental en niños mayores de 2,5 años.
5) Administración de fármacos: si las estrategias anteriores resultan fallidas, se puede comenzar con medicación laxante, siempre bajo supervisión médica. Algunos niños requieren este tratamiento durante largos períodos de tiempo hasta conseguir un hábito defecatorio adecuado. No hay riesgo de dependencia de los laxantes en la infancia.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.