Los trastornos de fertilidad afectan a un 15% de las parejas aproximadamente. Las causas clásicas son problemas físicos, pero actualmente sumamos un 5% de causas más que engloban el ritmo de vida actual, el retraso en la maternidad, factores ambientales y el estrés.

Ciertamente la fertilidad va ligada al estilo de vida.
1. Alteraciones de peso
El sobrepeso y la obesidad influyen en factores
endocrinológicos que regulan el ciclo menstrual. Pueden producir
una disminución de la ovulación y, por lo tanto, una
disminución de las probabilidades de quedar embarazada.
Además, las mujeres obesas tienen un mayor índice de
complicaciones en el embarazo (la hipertensión, la diabetes gestacional...)
dificultando llevar a término del embarazo un feto sano.
Igualmente, un peso excesivamente bajo produce también alteraciones endocrinológicas que pueden disminuir o eliminar la ovulación normal, o bien no preparar adecuadamente la matriz para recibir un embrión ya formado.
2. Tabaquismo
El hábito tabáquico reduce la fertilidad, tanto
femenina como masculina. Los fumadores tiene un menor contenido de
oxígeno en su sangre y por tanto todos los órganos del
cuerpo se ven afectados, incluyendo el útero y los
ovarios, así como los testículos en los hombres. En los
ovarios de los fumadores se producen un mayor número de
óvulos defectuosos y las trompas de Falopio tienen una
peor funcionalidad, por lo que el tabaquismo aumenta el
riesgo de embarazo ectópico. Además, las
fumadoras tienen una tasa de abortos más elevada.
El tabaquismo influye en la calidad seminal, provocando daños en el ADN de los espermatozoides.
3. Alcohol
El alcohol afecta negativamente a la concepción
tanto en la mujer como en el hombre. El abuso de alcohol afecta a la
regulación de varias hormonas, entre ellas las que
controlan el sistema reproductor, por lo que pueden
alterar la ovulación y la producción de espermatozoides.
4. Estrés
Algunas parejas que intentan concebir y no lo
consiguen pueden tener un nivel de estrés
considerablemente alto. Además, sentir el peso de la
responsabilidad de un hijo, o bien el miedo a la
influencia de un hermano en un primer hijo pueden
alterar el estado emocional de la mujer y causarle
estrés. Este estado puede hacer aumentar ciertas
hormonas que alteran la ovulación y, por tanto, que
dificultan la concepción.
La relación entre la edad de la mujer y la fertilidad está más que demostrada.
A medida que aumenta la edad se producen más ciclos no ovulatorios. Además, los óvulos empeoran su calidad por lo que es más difícil que sean fecundados por los espermatozoides. Por otro lado, se produce un aumento de abortos no detectados, es decir, óvulos fecundados que no llegan a anidar en el útero y que, por lo tanto, no llegan a producir ni siquiera un retraso de regla. Estas alteraciones ovulatorias pueden ser por defecto y también por exceso, por lo que hay un riesgo mayor de embarazos gemelares en mujeres de entre 35 y 39 años.
Asimismo, los embarazos en mujeres mayores presentan más riesgo. De entrada, tienen un riesgo mayor de alteración cromosómica, la más frecuente el síndrome de Down. Pero además de problemas cromosómicos, estas gestantes tienen un riesgo mayor de aumento de la presión arterial y, en consecuencia, de sufrir una preeclampsia, o una eclampsia. La aparición de diabetes gestacional también se ve influenciada por la edad materna.
Existen aproximadamente unas 300 sustancias tóxicas que se acumulan en la sangre. Hay muchas con las que convivimos a diario y que pueden producir problemas endocrinológicos y de fertilidad. Entre ellas destacamos el Bisfenol-A que se utiliza para fabricar biberones, plásticos alimenticios, latas… y la acrilamida, que se encuentra en los cigarrillos, se utiliza para fabricar papel, tratar agua potable… Estos dos tóxicos disminuyen la cantidad de espermatozoides presentes en el semen así como la movilidad de los mismos. Los insecticidas utilizados en la agricultura también contienen sustancias que alteran la producción de espermatozoides.
Por su parte, las dioxinas y los furanos utilizados para elaborar pesticidas y algunos conservantes se han relacionado con la aparición de endometriosis, una patología ginecológica que se asocia a un alto porcentaje de esterilidad además de a otros problemas como dolor importante con las menstruaciones.
El plomo estaba presente en la sangre de un 88% de niños estadounidenses en 1976 y actualmente sólo se encuentra en un 1,4%. Las tuberías ya no utilizan de plomo, y se ha eliminado el plomo de la gasolina y de algunos utensilios de cocina. Los niveles altos de plomo en sangre producen una alteración en la formación de los espermatozoides en hombres, y en las mujeres causan modificaciones del ciclo menstrual, además de un aumento en la tasa de abortos.
Los hombres que trabajan expuestos a altas temperaturas como en fundiciones, hornos… tienen un aumento de temperatura en los testículos que produce una alteración en la formación de los espermatozoides por lo que la calidad de su semen se ve mermada.
Igualmente ocurre con los conductores que pasan muchas horas al volante.
La contaminación atmosférica tiene efectos muy perjudiciales sobre varios aspectos de salud, básicamente respiratorios, pero también aumenta las enfermedades oncológicas y las cardíacas. En el área reproductiva, la contaminación disminuye la calidad del semen, aumentando las mutaciones, y en la mujer aumenta la tasa de abortos. Hay estudios que demuestran que en las comunidades autónomas españolas con un mayor desarrollo industrial la calidad del esperma es menor y que éste presenta una disminución del número espermatozoides.