
Una deficiente protección inmunológica nos hace más vulnerables a las infecciones, como procesos catarrales o gripales recurrentes, tan frecuentes en esta época. Junto a la adopción de una dieta adecuada, rica en vitaminas, sales minerales y alimentos antioxidantes, la ayuda de determinadas plantas medicinales puede ser una buena solución para fortalecer las defensas. Es el caso del género de plantas conocidas bajo el nombre común de equinácea (Echinacea spp), que comprende diversas especies, de entre las cuales tres se emplean con fines medicinales: equinácea purpúrea (Echinacea purpurea (L.) Moench) de la que se emplean la raíz y/o la parte aérea; equinácea angustifolia (Echinacea angustifolia D.C.) de la que se emplean la raíz y/o la parte aérea y equinácea pálida (Echinacea pallidae (Nutt.) Nutt.), de la que se emplea la raíz. Las tres especies han sido ampliamente estudiadas y se les reconoce la propiedad de mejorar el sistema inmunológico.
La mejor protección ante el invierno
Los indios
nativos de Norteamérica ya conocían sus valiosas
virtudes y, entre otras, la utilizaban para curar las
mordeduras de serpiente y las heridas infectadas. Hasta
el año 1930 fue el remedio de elección para el
tratamiento de los resfriados en EE.UU. Hoy, es uno de
los géneros de plantas mejor estudiados y documentados,
por la importancia que tiene su capacidad para impedir
el desarrollo de las infecciones. La composición química
varía de una especie a la otra, aunque poseen parecidas
propiedades. En concreto, las propiedades de sus
componentes han demostrado reducir hasta un 58% la
posibilidad de acatarrarse así como disminuir en día y
medio la duración de la enfermedad, según un estudio
publicado por la revista The Lancet en 2007.
La equinácea ejerce una potente acción inmunomoduladora capaz de estimular y fortalecer las defensas naturales del organismo, ayudando sensiblemente a hacer frente a las enfermedades infecciosas en general. Está especialmente indicada en la prevención y el tratamiento de infecciones respiratorias, resfriados y procesos gripales. Es un remedio a tener en cuenta, sobre todo, por los grupos que se encuentran más vulnerables ante la enfermedad como niños, convalecientes y personas mayores.
También se utiliza como complemento de la quimioterapia
anticancerosa a fin de potenciar el sistema inmunitario
y proteger al paciente de las infecciones respiratorias
a las cuales puede ser sensible debido a los
tratamientos. Sin embargo, también tiene
contraindicaciones e interacciones con ciertos
medicamentos que pueden ser prescritos en el tratamiento
del cáncer por lo que la intención de uso ha de
comunicarse al médico para que considere su conveniencia
en este caso.
Por vía externa, se utiliza para
curar lesiones de la piel como heridas superficiales o
quemaduras leves, ya que además de antiinfecciosa, es
cicatrizante y regeneradora de los tejidos.

Lo más frecuente es tomarla en forma de comprimidos y cápsulas (dosis indicada por el fabricante), aunque también se puede tomar en extracto fluido, jarabe y en tintura (30-60 gotas cada ocho horas). Incluso se puede adquirir el jugo estandarizado (6-9 ml cada 24 horas) obtenido de la parte aérea de la equinácea. Asimismo, es muy habitual consumirla asociada a otras plantas en diversos preparados para el tratamiento de afecciones gripales. Sin embargo, su uso en forma desecada y troceada para elaborar infusiones (media cucharadita de postre por taza) y decocciones es raro en nuestro país, aunque si es posible encontrarla para este fin. Lo más aconsejable son los preparados controlados y estandarizados en principios activos, que aseguren la eficacia de los productos, ya que incluso dentro de la misma especie, su composición química puede variar considerablemente dependiendo de su hábitat geográfico, condiciones de recolección y almacenamiento y de la parte de la planta empleada.
Para uso externo, existen diversas pomadas y cremas
cicatrizantes que la contienen.
Se recomienda tomar equinácea entre uno y dos meses desde el comienzo del invierno (a dosis bajas) para prevenir las enfermedades infecciosas propias de esta época del año, como la gripe y resfriados. También es útil como prevención cuando se está sometido a estrés o a condiciones de debilidad física o psíquica que disminuyen las defensas. No debe utilizarse más de ocho semanas seguidas.
Para aumentar las defensas
Se prepara echando agua
en ebullición sobre media cucharadita de postre de la
planta seca. Se deja reposar 10 minutos y se cuela. Para
aliviar los resfriados y estimular las defensas, tomar
una taza recién preparada y caliente, varias veces al
día, preferiblemente entre las comidas.
No es recomendable su uso durante el embarazo ni la lactancia. La equinácea puede interaccionar con ciertos medicamentos (por ejemplo, corticoides, ketoconazol, etc.) por lo que si se está tomando algún tipo de medicación, lo mejor es consultar siempre con un profesional. Tampoco se recomienda su empleo en trastornos sistémicos progresivos o enfermedades autoinmunes como: tuberculosis, esclerosis múltiple, SIDA, etc., en cuyo caso, es necesario que el médico evalúe la conveniencia de su administración y supervise el tratamiento.