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Enfermedad coronaria

Las coronarias son las arterias encargadas de hacer llegar al miocardio o músculo cardíaco la sangre oxigenada que necesita para realizar su función de bomba del organismo. Cuando éstas se ven patológicamente estrechadas por el depósito de placas de calcio y colesterol (aterosclerosis) el aporte de oxígeno al tejido miocárdico será insuficiente produciéndose los siguientes síntomas:

Angina de pecho

Se define como dolor, opresión torácico, por lo general centrotorácico, atribuible a isquemia (déficit en el aporte de circulación y por lo tanto de oxigenación) miocárdica. Se diferencia del infarto agudo de miocardio en que en la angina no se llega a producir muerte de las células miocárdicas y en el infarto sí. Su diagnóstico se lleva a cabo con el interrogatorio de los síntomas sin otras pruebas complementarias, es un concepto clínico. También puede deberse a un aumento de las necesidades de oxígeno del corazón provocado por ejemplo por los cambios en la tensión arterial o la frecuencia cardiaca.

Podemos clasificar la angina de las siguientes formas:

Angina de esfuerzo: aquella que es provocada por la actividad física que indica un aumento en la demanda de las necesidades de oxígeno del miocardio

Angina de reposo: aquella que se desencadena cuando el individuo está en reposo, sin actividad física alguna. En este grupo incluimos la angina vasoespástica o de Prinzmetal, la producida por un espasmo en la arteria coronaria y no por acúmulo de placas de ateroma.

Angina mixta: aparece tanto en reposo como con el ejercicio

A pesar de ser un concepto clínico, la angina puede en ocasiones verse asociada a cambios en el electrocardiograma. Otros estudios que deben realizarse para el estudio de una angina miocárdica son el ecocardiograma, la ergometría o prueba de esfuerzo y la coronariografía o cateterismo.

El ecocardiograma consiste en hacer una ecografía por encima de la piel del tórax del paciente. Esta prueba nos va a mostrar imágenes de cómo es el grosor las paredes del corazón y cómo se mueven además de enseñarnos los flujos a través de sus válvulas. Cuando un corazón ha tenido isquemia (angina o infarto) es frecuente encontrar cicatrices en la parte del músculo afectada, zonas que no se mueven de forma adecuada o síncrona con el resto del corazón y que nos han de hacer sospechar que ha habido isquemia en caso de duda diagnóstica. Aquí radica la importancia de la ecocardiografía que nos muestra el movimiento de las paredes del corazón.

La ergometría o prueba de esfuerzo consiste en hacer al paciente correr por una cinta calculando exactamente el esfuerzo al que le estamos sometiendo y registrando a través de unos electrodos en la piel la actividad eléctrica del corazón (cambios en el electrocardiograma) durante el esfuerzo, así como la aparición de dolor y las frecuencias cardíacas que se obtienen. Si un paciente que ha presentado dolor torácico que no es claramente isquémico, presenta alteraciones electrocardiográficas en la ergometría, éstas apoyan la hipótesis de que ese dolor torácico es de origen isquémico.

El cateterismo es una técnica en la que se inyecta un contraste a través de la arteria femoral que rellena la aorta y desde allí las arterias coronarias mostrándonos cómo es el interior de las mismas. Si existen estenosis lo suficientemente grandes para impedir el correcto aporte sanguíneo al músculo cardíaco se puede proceder a dilatarlas o a implantar una malla o stent para que recuperen un diámetro adecuado para su función.

Infarto agudo de miocardio

Definimos así la necrosis miocárdica aguda de origen isquémico secundaria fundamentalmente a la oclusión de una arteria coronaria.

Como cuadro clínico el dolor torácico es el síntoma más frecuente.

Sus características son similares a las de la angina, se trata de un dolor opresivo centrotrorácico, en ocasiones irradiado al brazo, al cuello o a la espalda, acompañado de nauseas vómitos o sudoración profusa. Suele ser más intenso y prolongado que el de la angina. La intensidad en el dolor no guarda relación con la importancia de las lesiones. El diagnóstico se establece por la suma del cuadro clínico, las alteraciones típicas electrocardiográficas y la elevación de una serie de enzimas en las analíticas, producto del daño y muerte de las células miocárdicas. Para manejar esta afección al igual que en la angina es frecuente la realización de coronariografía o cateterismo, ecocardiograma o manejo médico, dependiendo de la situación del paciente.

Tratamiento

Angina: los pacientes con angina de pecho deben ingresarse inmediatamente para su manejo hospitalario. Tras la angina pueden aparecer arritmias e incluso la muerte súbita. Las primeras medidas a tomar son el reposo absoluto, la abstención tabáquica y la administración de ansiolíticos. El uso de la aspirina va a disminuir el desarrollo de infarto de miocardio y la mortalidad en los meses siguientes. Igual efecto tendría la heparina intravenosa o subcutánea. La elección del fármaco que vamos a usar depende del tipo de angina por lo que siempre debemos establecer un diagnóstico adecuado antes de plantear un tratamiento u otro.

Si se trata de una angina vasoespástica el fármaco de elección son los antagonistas del calcio.

Si la angina se produce por placas de ateroma en ocasiones el tratamiento definitivo será la realización de una coronariografía y la dilatación de las estenosis coronarias que subyacen.

En ocasiones estas técnicas invasivas no son necesarias pues el paciente permanece estable con tratamiento médico que incluye.

1. Nitratos: fármaco que se encuentra en comprimidos vía oral o como parche transdérmico. Su acción consiste en dilatar las arterias coronarias facilitando el flujo sanguíneo al corazón.

2. Betabloqueantes.

3. Antagonistas del calcio.

4. Hipolipemiantes: Han demostrado mejorar la supervivencia de los pacientes con cardiopatía isquémica.

Infarto de miocardio: En primer lugar de forma aguda se debe tratar el dolor, vigilar y tratar las arritmias que se pueden generar, reducir en la medida de lo posible las complicaciones que pueden surgir, sobre todo la insuficiencia cardiaca.

El infarto sin complicaciones se trata con reposo absoluto, oxígeno, aunque no está demostrada su eficacia, tratamiento del dolor con analgesia (cloruro mórfico).

Se administra heparina para prevenir las complicaciones tromboembólicas, así como aspirina o fármacos similares.

Al igual que en la angina en ocasiones es necesario la realización de coronariografía y la dilatación de una coronaria para así solucionar el problema de base, teniendo en cuenta que esta prueba es invasiva y tiene complicaciones. En el anciano se usa este procedimiento con resultados esperanzadores siempre que este tuviera previamente al episodio de isquemia miocárdica una buena situación basal.

Última actualización: del 2006

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Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.
Mónica Ruiz Ruiz. Medico Residente de Geriatría H. C. San Carlos. Madrid .
@ y @ Contenidos y Consultoría S.L.

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