
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC es una de las afecciones respiratorias más frecuentes en ancianos. Es una enfermedad progresiva con gran morbilidad y mortalidad, representando la cuarta causa de muerte en España, con una tasa de mortalidad directamente atribuible en mayores de 75 años de 176 fallecidos por cada 100.000 habitantes y año.
La enfermedad pulmonar obstructiva crónica es un proceso caracterizado por un descenso de los flujos respiratorios que no cambian de manera notable durante períodos de varios meses de seguimiento. Es la cronicidad, la irreversibilidad y la invariabilidad de la obstrucción lo que caracteriza a la EPOC, pudiendo acompañarse o no de hiperreactividad bronquial. Esto es debido a una reacción de la mucosa bronquial ante factores irritantes continuos, con engrosamiento de la mucosa, aumento de la producción de moco, aumento de la capa de músculo en los bronquios, cosas todas que hacen que disminuya el diámetro de la luz bronquial, de forma que se limita el paso del aire desde y hacia los alveolos. Asimismo, se anula la función de barrido y defensa de la mucosa, lo que produce una mayor susceptibilidad a las infecciones.

En la bronquitis crónica los pacientes presentan tos incesante y expectoración fundamentalmente por las mañanas, obesidad con cianosis (tinte azulado de piel y mucosas, por retención de dióxido de carbono y falta de oxigeno en la sangre) y disnea progresiva hasta hacerse de reposo en fases avanzadas. Desarrollan precozmente alteraciones secundarias cardiacas por dificultad del paso de la sangre a través de los pulmones. La clínica suele iniciarse a los 40-55 años, siendo progresiva.
En los ancianos con enfisema predomina la disnea, siendo la tos y expectoración menos importantes. Suelen ser delgados, con respiración soplante y sólo al final tienen cianosis y afectación cardiaca. La clínica aparece entre los 50 y 75 años.
El diagnóstico se basa en una buena historia clínica y una exploración cuidadosa, siendo lo ideal, si el paciente colabora, para obtener un diagnóstico de certeza, la realización de pruebas de función respiratoria. En ellas, mediante el análisis de los flujos respiratorios, se puede valorar la capacidad pulmonar, la presencia de espasmo bronquial y el nivel principal de afectación. Aunque en la radiografía de tórax existen una serie de signos radiológicos sugerentes de esta enfermedad, en realidad sirve para descartar otras enfermedades y complicaciones.
El tratamiento de la EPOC se basa, en primer lugar, en el abandono del tabaquismo, que se ha demostrado como la única medida preventiva y que mejora el pronóstico del proceso. También es importante la vacunación antigripal anual y la antineumococcica para disminuir el riesgo de sobreinfecciones que conlleven una disminución de la función respiratoria.
El tratamiento específico se compone de broncodilatadores, fármacos que disminuyan la producción de moco y corticosteroides para disminuir la inflamación de la mucosa bronquial. Cómo y cuando se inician cada uno de ellos deberá establecerlo el médico tratante, en función de la afectación clínica y funcional del paciente. Es preferible el uso de medicación inhalada, de la que hay múltiples mecanismos para administrarla (cartuchos presurizados sin y con cámaras espaciadoras, polvo seco, nebulizaciones, etc.). Debe ser el personal sanitario que conozca al paciente el que recomiende el método ideal de administración de los medicamentos, dependiendo de las características de cada caso.
En caso de reagudizaciones puede ser necesario incrementar la terapia inhalada, junto con administración de antibióticos y corticoisteroides por vía oral, e incluso la administración de oxígeno. En los casos extremos puede prescribirse oxigeno inhalado a domicilio, de forma crónica, aun en los periodos sin empeoramiento.