Enfermedad del Alzheimer
Representa la causa más frecuente de demencia en países
occidentales, llegando al 60% de los casos. Es una
enfermedad degenerativa primaria de clínica muy
heterogénea, con presentación insidiosa, de curso
progresivo, causa desconocida y multifactorial.
Existen una serie de factores de riesgo según los
diferentes estudios:
- Edad: el factor predisponente más importante,
entre los 65 y 85 años; la frecuencia
aproximadamente se dobla cada 5 años.
- Sexo femenino: ser mujer es un factor
independiente de riesgo.
- Bajo nivel educativo: los años de formación
crean una "reserva cognitiva" que ejerce un efecto
protector contra el deterioro; los síntomas tardan
más en hacerse evidentes.
- Enfermedades cardiovasculares: hipertensión,
ictus, infarto de miocardio.
- Historia familiar de demencia: existe un
componente genético que todavía no ha sido bien
explicado. Una proporción pequeña de casos sucede en
familias que heredan mutaciones de los cromosomas 1,
14 o 21, soliendo presentarse la demencia antes de
los 50 años. Si un familiar padece Alzheimer no
significa que vaya a transmitirse a los hijos. La
mayoría de los casos aparece de forma espontánea.
- Otros factores: traumatismo craneal grave,
intoxicación por aluminio, hombres diabéticos, etc.
Las características clínicas principales son las siguientes:
- Afectación generalmente precoz y gradual de la
memoria reciente, como olvidar nombres, por ejemplo.
Inicialmente lo intentan disimular, pero el paciente
o sus familiares consultan por primera vez tras un
período de espera media de 2 años, es decir, cuando
interfiere en su vida cotidiana.
- Deterioro múltiple, progresivo y parejo de las
funciones intelectuales superiores: deterioro del
lenguaje con perdida de vocabulario y capacidad para
hablar y comprender; pérdida de habilidades en la
ejecución de actos motores como vestirse,
afeitarse...; deterioro de la capacidad de reconocer
personas o objetos a través de los sentidos;
disminución capacidad de juicio; alteraciones de la
capacidad de orientación. Si el paciente no realiza
lo que se le pide no es que no quiera hacerlo, sino
que no sabe realizarlo porque lo ha olvidado.
- Aparición de síntomas psiquiátricos y alteraciones
del comportamiento en más del 50% de los pacientes.
Pueden tener delirios, por ejemplo sobre robos de
pertenencias, alucinaciones visuales, agitación,
ansiedad, depresión y disforia, agresividad verbal,
lenguaje reiterativo,… Pueden tener alteraciones del
sueño como insomnio, sueño fragmentado y varios
despertares nocturnos. En ocasiones el paciente es
incapaz de estarse quieto con tendencia a moverse
constantemente en la casa, deambulando sin sentido y
en ocasiones con tendencia a escaparse del hogar: es
lo que se ha denominado vagabundeo.
- Clínica neurológica: alteraciones de la marcha y la
postura, convulsiones, mioclonias, etc.
- Progresión hacia la pérdida de independencia. Los
pacientes terminan no valiéndose por sí mismo para
vestirse, comer, caminar, controlar la orina y las
defecaciones. Llegan a no reconocer a sus propios
familiares. Hay una tendencia al aislamiento, no
pudiendo vivir sin ayuda al final, pero la sonrisa
es una de las últimas cosas que pierde.
Existen 10 signos de alarma de la enfermedad de
Alzheimer, que pueden poner en guardia al sugerir
que una persona quizás esté iniciando esta
enfermedad, de comienzo habitualmente insidioso:
- Pérdida de memoria que afecta a la capacidad laboral.
- Dificultad para llevar a cabo tareas familiares.
- Problemas con el lenguaje.
- Desorientación en tiempo y lugar.
- Juicio pobre o disminuido.
- Problemas con el pensamiento abstracto.
- Cosas colocadas en lugares erróneos.
- Cambios inexplicables en el humor o en el comportamiento.
- Cambios en la personalidad.
- Pérdida de iniciativa.
De interés
El tratamiento de la enfermedad de Alzheimer se divide en
un tratamiento específico (con unos fármacos ya
reconocidos en la terapéutica de esta enfermedad y otros
aún en fase de estudio o con resultados poco claros) y
en un tratamiento de los trastornos psicológicos y
conductuales. Son también muy importantes los
tratamientos no farmacológicos.
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Dra. Montse Queralt
Especialista en Medicina de Familia y Geriatría
Médico Consultor de Advance Medical