El verano se caracteriza por ser la época del año en la que tenemos menos preocupaciones y, a la vez, más tiempo libre para ocuparlo como nos apetezca. Sin embargo, no todo son alegrías. Durante esta estación son muy comunes ciertas molestias como los cortes de digestión, las gastroenteritis, las infecciones por hongos, las infecciones oculares o las picadura de medusas.
El riesgo de gastroenteritis aguda se intensifica en los meses estivales debido a las altas temperaturas, las cuales favorecen el crecimiento bacteriano en ciertos alimentos, sobre todo en el huevo duro y las salsas. Por este motivo, debemos extremar el cuidado al consumir alimentos con huevo y prestar atención a las condiciones del agua. Asimismo, las frutas y verduras deben lavarse bien antes de su consumo.
Las medusas son difíciles de ver por su transparencia. Al sentirse molestada desprende unas células urticariantes que contienen veneno en su interior y que, únicamente con el roce, producen efectos leves, en general, aunque muy molestos. Normalmente, sentiremos dolor y ardor inmediatos, seguido de inflamación, enrojecimiento y sangrado en el lugar de la picadura.
Para evitar las picaduras de medusa debemos estar atentos a la información suministrada por las autoridades locales sobre la presencia de medusas en las playas (algunas disponen de una bandera específica, además de las tradicionales roja, amarilla y verde).

En verano son más frecuentes lasinfecciones por hongos ya que aumenta su proliferación por la humedad y el calor. Se multiplican en aquellas donde existe roce entre dos superficies cutáneas, como los dedos de los pies, las ingles o bajo las mamas.
El más típico de todos es el pie de atleta, que se localiza en los dedos de los pies. Para evitarlos, hay que adoptar la máxima precaución en las piscinas, saunas, gimnasios y zonas públicas donde se está en contacto directo con la humedad. Es altamente recomendable utilizar zapatillas en piscinas y evitar ir descalzo. Durante el resto del día se deben utilizar zapatos transpirables o de materiales naturales y, por supuesto, seguir una higiene personal diaria, haciendo especial hincapié en el secado cuidadoso de los pliegues cutáneos (ingles, axilas, dedos de los pies, etc.).

El agua del mar y de piscina es irritante para los ojos y
puede ser también vehículo de transmisión de infecciones oculares. El uso de
lentes de contacto tanto en la piscina como en la playa
disminuye el riesgo de contraer infecciones de este tipo
y de incrementar la sequedad ocular.
De hecho, las
gafas son un complemento necesario durante los meses
estivales. Siempre hay que usar gafas de protección
solar de calidad que filtren las radiaciones nocivas.
Unas lentes inadecuadas pueden producir daños como
queratitis o, a largo plazo, cataratas.
Durante el verano se suelen producir con más frecuencia
los cortes de digestión. Para evitarlos debemos
reposar alrededor de una hora y media después de
las comidas, sobre todo si la inmersión es en
aguas frías.

En verano nos desplazamos a lugares desconocidos,
practicamos más deportes, comemos de manera diferente y,
a veces en exceso, bebemos con frecuencia más alcohol...
Al mismo tiempo, solemos estar más relajados. Esta
combinación de actitudes nos puede conducir a una
disminución de la alerta y propiciar
accidentes.
Para prevenir los accidentes,
debemos extremar las precauciones y estar atentos
incluso al realizar una actividad que,
aparentemente, parece no tener riesgo alguno.
En conclusión, hay que tener cuidado y adoptar las
precauciones oportunas ya que sino el verano puede
convertirse en el peor enemigo de nuestro organismo y
transformar unos días felices de descanso y disfrute en
un tormento.