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Efectos indirectos del verano

No hay que olvidar que durante el verano es cuando se suelen producir con más frecuencia los cortes de digestión, gastroenteritis, infecciones por hongos, infecciones oculares, picadura de medusas. Las altas temperaturas favorecen su proliferación.

Las altas temperaturas en verano favorecen la proliferación de microorganismos en los alimentos, (sobre todo en el huevo crudo, salsas...) que si se ingieren pueden provocar gastroenteritis. También la aparición de hongos en los pliegues húmedos de la piel, infecciones oculares son muy comunes en esta estación. En estos casos se debe consultar a un médico.

Otros de los organismos que proliferan al calor del verano, pero en este caso en las aguas marinas, y especialmente en el mar Mediterráneo en los últimos años, son las medusas.

 

ACCIDENTES EN VERANO

En verano nos desplazamos más en todo tipo de vehículos o a pie, practicamos más deportes, incluso de riesgo, nos desplazamos a lugares desconocidos, comemos de manera diferente y a veces en exceso, bebemos con frecuencia más alcohol... y al mismo tiempo solemos estar más relajados, lo que nos puede conducir a una disminución de la alerta. Todo esto puede propiciar accidentes insospechados, tanto propios como de nuestros hijos.

Para prevenir los accidentes, lo primero es planificar bien lo que vamos a hacer, informarnos lo mejor posible de las características del lugar y la actividad que vamos a emprender. Después, preparar el material que vamos a necesitar, incluyendo siempre un botiquín de primeros auxilios. Una aventura bien planificada evita los riesgos innecesarios y ofrece muchas más posibilidades de disfrutarla.

Pero a veces situaciones aparentemente sencillas pueden tener un alto riesgo. Por ejemplo, en la piscina no se debe dejar sin vigilancia a los niños pequeños y hay que tener mucha precaución al zambullirse (debe hacerse siempre en piscinas o zonas especialmente habilitadas para ello, con profundidad suficiente).

 

LA GASTROENTERITIS

El riesgo de gastroenteritis aguda se intensifica en los meses estivales debido a las altas temperaturas, ya que éstas favorecen el crecimiento bacteriano. Debemos extremar el cuidado al consumir alimentos con huevo y prestar atención a las condiciones del agua. Asimismo, las frutas y verduras deben lavarse bien antes de su consumo.

Ante un cuadro de gastroenteritis (diarreas, vómitos, incluso fiebre), se debe, en primer lugar, hacer dieta astringente, evitando el uso de antidiarreicos sin prescripción médica, y aumentar la ingesta de líquidos para evitar la deshidratación.

No se tomarán alimentos sólidos durante las primeras 4-6 horas (niños) o 12 horas (adultos). En este tiempo sólo se administrará suero oral hiposódico (un sobre disuelto en 1 litro de agua mineral sin gas) o limonada alcalina (a 1 litro de agua hervida se le añade el zumo de 2 o 3 limones, media cucharilla de bicarbonato, media cucharilla de sal y 2 o 3 cucharadas de azúcar), bebiendo pequeñas cantidades, de forma continua, según demanda (sin forzar).

Cuando se haya controlado la primera fase, se introducirá gradualmente la dieta sólida, siempre en pequeñas cantidades para comprobar la tolerancia a la misma: sopas (de arroz, de zanahoria o de pescado), puré de patatas y zanahorias, huevo (pasado por agua, duro o en tortilla), pescado blanco o carne de ave, cocidos o a la plancha, frutas (manzana asada, manzana oxidada con unas gotas de limón, membrillo, plátano maduro…), pan blanco tostado. En el desayuno se tomarán infusiones claras de té o manzanilla, edulcoradas con sacarina y pan tostado. Durante toda la duración del proceso se mantendrá la rehidratación con suero oral hiposódico o limonada alcalina.

Es importante saber que no se puede tomar leche ni sus derivados. Como mucho se toleraría el yogur natural y los quesos frescos (después de una mejoría franca). Las frutas y verduras se evitarán crudas. Y durante una semana no se tomarán verduras de color verde: acelgas, espinacas, lechugas... ni almendras, compotas, nueces o pan negro. Se deben suprimir todos los dulces: caramelos, chocolates, pastelería, azúcar, y las bebidas muy frías, todo tipo de bebidas refrescantes y las aguas minero-medicinales con gas.

Por otro lado, no hay que olvidar que las moscas contribuyen de forma muy importante a la propagación de enfermedades infecciosas, por ello, en general, es importante controlar la exposición de alimentos al aire.

 

PICADURA DE MEDUSAS

Se produce al rozar a una medusa mientras nadamos en el mar. Es muy difícil de ver por su transparencia. Al sentirse molestada desprende unas células urticariantes que contienen veneno en su interior y que producen efectos leves en general, aunque muy molestos.

Síntomas.Dolor y ardor inmediatos, seguido de inflamación, enrojecimiento y sangrado en el lugar de la picadura.

Qué hacer.

  • Lo primero, limpiar la zona afectada por la picadura con suero fisiológico o agua salada (nunca agua dulce, ya que podrá romper las células urticantes, sufriendo otra picadura).

  • Examinar la picadura, y si hay algún resto de tentáculo adherido a la piel, quitarlo con unas pinzas.

  • Después, aplicar frío a través de un paño, durante unos 15 minutos. Nunca se debe frotar ni con toallas, ni con arena, ni con nada que pueda lastimarnos más.

  • A ser posible, acudir al puesto de primeros auxilios, donde le podrán administrar un antihistamínico o/y un analgésico si fuera necesario, o bien trasladarle a un centro médico si el estado empeora.

Prevención.Estar atento a la información suministrada por las autoridades locales sobre la presencia de medusas en las playas (algunas disponen de una bandera específica, además de las tradicionales roja, amarilla y verde).

 

OTRAS MOLESTIAS

En verano son más frecuentes las infecciones por hongos, pues aumenta su proliferación por la humedad y el calor. Se multiplican en aquellas donde existe roce entre dos superficies cutáneas; los dedos de los pies, las ingles o bajo las mamas, son sus lugares preferidos. El más típico de todos es el pie de atleta, que se localiza en los dedos de los pies. Para evitarlos, hay que adoptar la máxima precaución en las piscinas, saunas, gimnasios y zonas públicas donde se está en contacto directo con la humedad. Es altamente recomendable utilizar zapatillas en piscinas y evitar ir descalzo. Durante el resto del día se deben utilizar zapatos transpirables o de materiales naturales y, por supuesto, seguir una higiene personal diaria, haciendo especial hincapié en el secado cuidadoso de los pliegues cutáneos (ingles, axilas, dedos de los pies, etc.).

El agua del mar y de piscina es irritante para los ojos y puede ser también vehículo de transmisión de infecciones oculares. El uso de lentes de contacto en piscinas y playa aumenta el riesgo de contraer infecciones y de incrementar la sequedad ocular.

Las gafas son un complemento necesario durante los meses estivales, pero siempre hay que usar gafas de protección solar de calidad que filtren las radiaciones nocivas. Unas lentes inadecuadas pueden producir daños como queratitis o, a largo plazo, cataratas.

Tampoco hay que olvidar que durante el verano es cuando se suelen producir con más frecuencia los cortes de digestión. Es aconsejable que se guarde alrededor de hora y media de reposo después de las comidas, sobre todo si la inmersión es en aguas frías. Si no se tiene cuidado y se adoptan las precauciones oportunas, el verano puede convertirse en el peor enemigo de nuestro organismo y transformar unos días felices de descanso y disfrute en un tormento.

 

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