El dolor de espalda es una de las patologías más frecuentes en la edad adulta y está íntimamente relacionado con la actividad laboral. Ésta es, en muchas ocasiones, la desencadenante de un problema que, una vez se presenta por primera vez, suele volver a aparecer a no ser que se establezcan las medidas correctoras apropiadas.
Casi todas las personas han sufrido alguna vez un dolor de espalda agudo, que les ha inmovilizado de manera más o menos prolongada, haciéndoles perder jornadas laborales y causando una incapacidad importante, que obliga muchas veces a cambiar de actividad. El coste humano y económico del dolor de espalda es enorme, pues la lumbalgia y el dolor de cuello son las dos causas más importantes de absentismo laboral y el dolor de espalda es la causa más costosa de incapacidad relacionada con el trabajo. Además, es la segunda causa más frecuente de las visitas al médico de familia y se considera una enfermedad social por su amplia repercusión en todos los ámbitos.
Se estima que cuatro de cada cinco personas presentarán dolor de espalda al menos una vez durante su vida y que, en los países industrializados, el 70 % de las personas padece lumbalgia aguda al menos una vez en su vida. Casi siempre el ataque de lumbalgia se asocia a un esfuerzo brusco, como por ejemplo levantar un objeto pesado, o a una mala posición mantenida en el tiempo. Pero no siempre estos hechos desencadenan una lumbalgia, incluso en la misma persona, por lo que hemos de valorar los factores que pueden influir en su aparición.
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Para explicar el porqué del dolor, es fundamental que conozcamos bien la anatomía de la columna vertebral, ya que comprender su estructura nos permitirá entender su funcionalidad y su capacidad de respuesta ante las múltiples tensiones a las que la sometemos diariamente. Podemos considerar dos tipos de elementos: los no renovables (vértebras, discos y ligamentos), que soportan las tensiones excesivas sin capacidad de respuesta, y los renovables (los músculos), que son nuestra defensa activa para evitar las sobrecargas en los otros elementos. Por ello resulta fundamentar mantener en buen estado nuestra musculatura, para que pueda realizar correctamente su función protectora sin fatigarse excesivamente ni sufrir lesiones.
Respecto a la postura, hemos de tener en cuenta que cualquier postura sostenida contribuye al dolor de espalda, pues la musculatura no tiene la capacidad de mantener una postura correcta de forma prolongada y los elementos óseos y ligamentosos terminarán por soportar más tensión de la que pueden. Sin embargo existen posturas que son más ergonómicas que otras, es decir, que son menos perjudiciales, y dentro de una postura determinada (por ejemplo, la sedestación, una de las más nocivas) hay múltiples correcciones que se pueden hacer para que sea lo menos lesiva posible. De ahí la denominación de ergonómico de algunos muebles y elementos de trabajo, lo que indica que están adaptados a la configuración estática y dinámica del cuerpo humano y facilitan las posturas y movimientos más correctos.
En cualquier caso, cuando llevamos un tiempo prolongado en una misma postura, sea cual sea, lo recomendable es hacer un descanso activo. Consiste en realizar una serie de movimientos que alivien los síntomas que se hayan podido producir al mantener una postura forzada por largo tiempo. Por ejemplo, estirar la musculatura posterior del cuello dejando caer suavemente la cabeza hacia adelante, hacer círculos con los hombros, arquear la espalda de forma lenta y con una respiración profunda, etc. Pero nada de esto servirá si no realizamos una prevención primaria del dolor de espalda que consiste en identificar las posiciones, movimientos y hábitos que generan dolor y evitarlos.
Conocer en qué momentos se desencadena el dolor nos sirve para realizar una primera aproximación al origen del mismo. Frecuentemente, una molestia que va instaurándose poco a poco con una posición mantenida nos indica una fatiga muscular que produce la sobrecarga de articulaciones y ligamentos; un dolor agudo que se extiende hacia una pierna tras un movimiento en flexión y rotación al cargar un peso puede significar la lesión de un disco intervertebral con una posible herniación del núcleo; y una fuerte contractura tras un movimiento brusco, que impide el movimiento, indica que el estrés al que se ha sometido el músculo ha generado una contractura de defensa para proteger otras estructuras. De este modo, los conocimientos que tengamos sobre la mecánica corporal nos proporcionarán las bases para utilizar nuestro cuerpo de forma económica, con el menor gasto de energía posible, y segura, sin provocarnos ningún daño, en las actividades de la vida diaria incluyendo las laborales.
También es muy importante que sepamos cómo reaccionar ante una posible lesión. Lo principal es obtener el diagnóstico de la causa de los síntomas, pues es normal que la sintomatología habitual de dolor, contractura muscular e incapacidad funcional se instaure de forma rápida e inespecífica tras la lesión. Aunque el tratamiento inicial habitual a base de reposo, antiinflamatorios y relajantes musculares no cambie, la rehabilitación y las precauciones posteriores variarán sustancialmente según el origen.
Ante estas situaciones hay que evitar el reposo en cama prolongado, de más de una semana, pues la consecuente debilidad muscular hará que el cuadro se agrave al iniciar de nuevo el movimiento y las actividades habituales. Lo más apropiado es que, tras la valoración médica y el diagnóstico de la lesión, se paute el tiempo de reposo apropiado y la rehabilitación más conveniente para poder volver a la actividad sin riesgos. Asimismo, puede estar aconsejado el uso de una faja lumbar en aquellas tareas que supongan un riesgo, aunque se desaconseja su uso continuado debido a la atrofia muscular que genera.
Como podemos comprobar, el pilar fundamental de la prevención y rehabilitación del dolor de espalda es la educación del propio paciente, que sólo comparte la responsabilidad sobre el manejo de su dolor si comprende que la mejoría de la función y la mecánica corporal son esenciales para tener éxito a largo plazo. En este contexto, buscamos la vuelta a la actividad física mediante ejercicios específicos para romper el círculo vicioso del dolor y para que el paciente adquiera estrategias para moverse correctamente, de modo que las estructuras corporales sufran lo menos posible, reduciendo el esfuerzo excesivo. Los ejercicios son terapéuticos porque enseñan al paciente un control de su postura y sus movimientos en las actividades de la vida diaria.
Para ello, los primeros ejercicios que se realizan son los que permiten adquirir la propia consciencia corporal, aprender a percibir cómo están las articulaciones, músculos, etc. Así cada persona puede detectar cuándo está sufriendo una tensión excesiva, durante la realización de otros ejercicios o en sus actividades habituales, y realizar las correcciones oportunas. Los siguientes ejercicios son los de flexibilización y estiramiento, para devolver a los músculos y las articulaciones su movilidad normal, y los de fortalecimiento y resistencia muscular, para activar los músculos y que realicen sus funciones de movimiento y de protección de los otros elementos de forma eficaz. Por último, se realizan actividades de coordinación y equilibrio para trabajar la actividad muscular automática de regulación de la movilidad, de los diferentes segmentos entre sí y con el resto del cuerpo, y de reacción frente a los desequilibrios.
Además de los factores puramente físicos, hay otros factores que también influyen de forma importante sobre la producción y percepción del dolor de espalda. En cuanto al ambiente laboral, debemos diferenciar tres tipos:
En primer lugar, debemos actuar sobre los diferentes factores de riesgo que pueden generar problemas, tanto los que dependen del propio trabajador como los que no. Para ello, las empresas han de buscar la mejor adecuación posible del puesto de trabajo a cada uno de sus empleados, en cuanto al diseño del mobiliario y el material, la evitación de gestos inadecuados repetidos y la enseñanza al personal de las posturas y los movimientos más correctos para la realización de su trabajo. Esto último es fundamental, pues la mayor parte de las lesiones del ámbito laboral son ocasionadas por vicios posturales y la carencia en el aprendizaje gestual de la tarea.
A partir de los años 70, con el trabajo de M.Zachrisson-Forsell sobre el aumento del coste sanitario y laboral por los dolores de espalda, se empezaron a implantar en Europa los programas de Escuela de Espalda en el ámbito laboral, como método de enseñanza para la prevención y el autocuidado del dolor de espalda.
Esta forma de abordar un problema tan complejo se ha ampliado al resto de la población mediante programas de Escuela de Espalda en escuelas, centros de salud, etc. A modo de ejemplo, la Escuela Sueca de Espalda consta de cuatro sesiones de cuarenta y cinco minutos, a lo largo de dos semanas, y es impartida por un fisioterapeuta con los objetivos de disminuir los costes asistenciales y aumentar la confianza de la propia persona en sí misma y en la función del tratamiento. Sus contenidos básicos son anatomía y biomecánica de la espalda, tensiones y dolores a los que se ve sometida, ejercicios prácticos y análisis final de lo aprendido y de su importancia. A veces también se introducen otros aspectos que influyen en el dolor de espalda y en la calidad de vida del paciente, como la reducción del estrés y los buenos hábitos de vida y nutrición.
Última actualización: del 2008
Patricia Martín Casas.