Una de los más frecuentes motivos de preocupación y consulta de cualquier padre va a ser la situación planteada por un hijo quejándose de dolor abdominal. Ante la gran variedad de posibilidades diagnósticas posibles, vamos a destacar en estas líneas solamente las más frecuentes y habituales, que serán precisamente en las que primero habrá que pensar.
La edad del niño va a orientar sobre la posible causa de ese dolor.
En el recién nacido y lactante, lo primero en que habrá que pensar, ante el llanto inconsolable, es si estamos utilizando una correcta técnica de alimentación: en la lactancia natural, habrá que revisar la correcta puesta al pecho y vigorosa succión de pezón y areola mamaria, sin inadecuada ingestión de aire, así como comprobar que la cantidad de leche producida por la madre es suficiente para satisfacer el apetito del bebé. Hambre y meteorismo (gases en intestino), quedarán descartados como causa de dolor abdominal y llanto.
En la lactancia artificial no se dejará de comprobar la idoneidad del agujerito de la tetina, que puede impedir la cómoda alimentación del niño, requiriendo un esfuerzo molesto e innecesario. Tetina que siempre debe estar llena de leche, evitando la ingestión de gases por succión en vacío.
Otra causa de grave dificultad en la alimentación, tanto natural como artificial, en los primeros meses de la vida, también causa de dolor y llanto, es la inadecuada permeabilidad de las fosas nasales, muy estrechas y frecuentemente ocupadas por secreciones: el lavado y aspirado de mucosidades nasales será una de las primeras habilidades a desarrollar por los jóvenes padres.
Durante los tres primeros meses de vida tendremos en cuenta la posibilidad, ante unos episodios repetidos y duraderos de llanto inconsolable a lo largo del día, de encontrarnos ante el cólico del lactante, cuadro molesto, aunque benigno y autolimitado, que va a desaparecer espontáneamente hacia el cuarto mes de vida. Atribuido a meteorismo, ligera intolerancia a las proteínas de la leche de vaca –contenidas incluso en la leche materna-, pero que no suele exigir el cambio a fórmulas lácteas con las proteínas vacunas hidrolizadas (predigeridas), e incluso a un cierto componente de reflujo gastroesofágico. Que el momento de la toma se haga en un ambiente tranquilo, madre e hijo solos, sin ansiedad y siguiendo una rutina alimentaria bien pautada, son elementos fundamentales para una feliz alimentación.
Otros cuadros de dolor abdominal, menos frecuentes, pero a tener en cuenta serán: los episodios de gastroenteritis aguda, al empezar a acudir a las guarderías, y con el rotavirus como culpable principal. Y más excepcionalmente todavía, la temible invaginación intestinal, con emisión de sangre por el recto, y que requiere rápida consulta pediátrica; e incluso una posible obstrucción intestinal, con ausencia de emisión de heces e inmediata solución quirúrgica. Nunca habrá que olvidar la infección de vías urinarias como posible causa de dolor abdominal.
El dolor abdominal que no afecta al estado general del lactante y que se alivia con pequeños masajes abdominales, regulación de la alimentación o la ingestión de carminativos o antiflatulentos, carece de importancia.
En el pre-escolar y escolar van a ser las transgresiones alimenticias, empachos gástricos, el estreñimiento por mala organización de la rutina defecatoria diaria, y la posible apendicitis con implicación quirúrgica urgente los cuadros más destacados.
Muy curiosa la posible existencia de dolor abdominal en el niño por una afectación extra-abdominal, como el producido por una neumonía de un lóbulo inferior pulmonar con dolor abdominal reflejo; así como las faringoamigalitis, tan frecuentes a estas edades y que cursan con dolor abdominal como síntoma acompañante en numerosas ocasiones. No olvidaremos en este apartado las infecciones urinarias ni los traumatismos abdominales montando en bicicleta o practicando cualquier deporte.
En el adolescente con dolor abdominal vamos a encontrar una mejor colaboración diagnóstica, siempre y cuando no se trate de un dolor simulado con objeto de llamar la atención o evitar alguna actividad escolar. La gastroenteritis infecciosa, el estreñimiento, la dismenorrea en las niñas, y la apendicitis aguda, sin olvidar la posibilidad de infección de vías urinarias serán los cuadros patológicos más a destacar.
Hasta un 17% de escolares, llegando a la edad puberal, sobre todo niñas y adolescentes, presentan dolor abdominal crónico (DAC), generalmente de carácter funcional, con un importante componente de ansiedad y alteraciones de la conducta en el niño y sus padres, lo que contribuye a dificultar el diagnóstico y poder diferenciar entre una causa orgánica y una funcional.
