Son las más peligrosas y las que están más extendidas en el tratamiento de la obesidad.
Se basan en la reducción importante de los hidratos de carbono, sustituyéndolos por grasas. Son dietas saciantes, pero que habitualmente se pueden utilizar poco tiempo por su escasa palatibilidad.

Se introdujeron en 1951 por Pemmintong, pero la más popular fue la del doctor Atkins.
Para Atkins la insulina es la hormona responsable del aumento de peso por lo que la toma de azúcar o de cualquier hidrato de carbono hace que se estimule dicha hormona. Así pues, considera el azúcar el alimento más peligroso.
Por el contrario se consume grasa, se estimula la secreción de acetona, suprimiendo la sensación de hambre. Así mismo no se pueden acumular como grasas de reserva si no se aportan hidratos de carbono, ya que si el organismo no tiene combustibles fáciles (alcohol e hidratos de carbono) utilizará solamente la grasa.
Es una dieta desequilibrada en la que la proporción de proteínas es inferior al 20%, las grasas superior al 75% y los hidratos de carbono no llegan al 5%.
Son dietas ricas en colesterol y un visado par el infarto.
Otra dieta del mismo tipo y seguida por gran cantidad de personas ha sido la propuesta por Montignac, que se basa en el índice glucémico de los alimentos y en la teoría de que la glucosa es un producto tóxico que hay que evitar a toda costa.
Permite comer sin limitación de ciertos alimentos como quesos, embutidos, carnes... y así saciar el hambre sin mezclarlos con los malos "glúcidos" como el pan, arina, fécula, etc.
Tiene el incoveniente de que en definitiva elimina de la dieta los glúcidos, ya que es practicamente imposible comer glúcidos puros, con lo que se incrementa la acetona y sus efectos secundarios.

Dentro de este referido grupo está la dieta de Pemmintong, que permite el consumo libre de proteínas y líquidos con baja toma de hidratos de carbono, a base de carne complementada con mantequilla y zumos.
Otra dieta similar es la de Lutz en su libro "vivir sin pan", en el que se limita los hidratos de carbono y aconseja consumir carne y grasa sin limitaciones.
Estas dietas no son eficaces en le tratamiento de la obesidad, ya que no producen pérdida de grasa, sino que la pérdida de peso se debe a la pérdida de agua, que se recupera rápidamente.
Dr. Carlos de Gorospe Pérez-Jáuregui
Última actualización: del 2006