
En términos médicos la sordera es llamada hipoacusia, que
quiere decir, falta de audición total o parcial. Es uno
de los problemas más graves que pueden afectar a un
niño.
Los padres deben observar el comportamiento
del bebé durante sus primeros meses de vida ante los
estímulos sonoros. Durante los dos primeros meses de
vida el recién nacido parpadea, se despierta o se asusta
ante ruidos fuertes y de alta intensidad; la voz de su
madre es capaz de tranquilizarlo y pone atención en
escucharla. A los 3 y 5 meses de vida dirige la mirada y
gira la cabeza hacia la fuente de sonido y entre los 6 y
9 meses es capaz de buscar la fuente de la voz o del
sonido moviendo la cabeza y el cuerpo para observarla.
Los padres deben consultar de inmediato al Pediatra si
piensan que su hijo no oye bien.
La consecuencia
más grave de la sordera, sino se detecta a tiempo, es la
ausencia del lenguaje. Un niño sordo puede tener un
desarrollo aparentemente normal hasta los 18 o 24 meses
de vida, en los que, un retraso en la adquisición del
lenguaje puede ser normal, por lo que se puede pasar por
alto que el niño sea sordo. El problema de una detección
tardía es que estos niños no hablan porque no oyen, por
lo que la detección y el tratamiento deben ser lo más
precoces posibles para que el niño desarrolle el
lenguaje.
Los signos de alarma en el desarrollo del
lenguaje que deben hacer sospechar de la presencia de
una hipoacusia son:
La sordera no afecta solamente al niño, sino a todas las personas que le rodean: familiares, amigos y profesores. Es por este motivo que su detección precoz debería ser una prioridad.
Aproximadamente de 1 a 3 de cada 1000 recién nacidos son
sordos. A grandes rasgos la mitad de los casos de
sordera en el recién nacido son de causa hereditaria o
genética (generalmente son los casos más graves). Por
ello es importante informar al Pediatra si existe algún
caso de sordera en la familia. Algunas formas
hereditarias de sordera asocian otras malformaciones o
problemas físicos como el síndrome de Waandenburg o el
de Usher. Otras causas que pueden producir sordera en el
recién nacido son las infecciones intrauterinas o los
efectos secundarios de algunos medicamentos si se toman
durante el embarazo.
El 80% de las sorderas
infantiles están presentes en el nacimiento y el 95% de
los niños sordos nacen en familias sin antecedentes de sordera.
Existen factores que hacen necesario un cribaje de
sordera cuando el niño nace y son niños que deben ser
seguidos de cerca por el Pediatra y sus padres.
Los factores de riesgo en el recién nacido son:
antecedente familiar de sordera, infecciones
intrauterinas (citomegalovirus, rubeola, sífilis,
toxoplasmosis o herpes), malformaciones de la cabeza y
el cuello, hiperbilirrubinemia grave, prematuridad y
peso por debajo de los 1.500 gr, meningitis neonatal,
toma de fármacos ototóxicos durante del embarazo,
puntuación de APGAR bajo al nacer, ingreso en la UCI
neonatal con ventilación mecánica durante más de 5 días
y síndromes genéticos que asocian sordera.
Aproximadamente un 30% de las sorderas aparecen
tardíamente cuando el niño es mayor de dos años. A
partir de los dos años la observación del niño por parte
de sus padres y educadores es fundamental para detectar
precozmente la hipoacusia. Los factores de riesgo para
padecer sordera en el niño mayor son: otitis media o
serosa recurrente durante más de tres meses, traumatismo
craneoencefálico grave, retraso en la adquisición del
lenguaje, meningitis o uso de medicamentos ototóxicos.
Existen consecuencias a varios niveles:
Hoy en día está ampliamente aceptado que la detección de la hipoacusia infantil dentro del primer mes de vida, diagnosticarla a los 3 meses e iniciar el tratamiento en los primeros 6 meses, son básicos para evitar o minimizar importantes alteraciones en el niño. La única manera de alcanzar este objetivo es mediante la implantación del cribado auditivo universal a todos los recién nacidos.
Se utilizan dos métodos para evaluar la capacidad auditiva del bebé:
La incorporación de la detección precoz de hipoacusia en recién nacidos persigue:
Cuando el niño es diagnosticado de hipoacusia el
tratamiento debe ser multidisciplinar con la
colaboración del pediatra, otorrino, logopeda, psicólogo
y audioprotesistas. Es fundamental en el momento del
diagnóstico la colaboración con la escuela y la ayuda de
las asociaciones de sordos de cada Comunidad
Autónoma.
El tratamiento consiste en la
estimulación precoz del niño, un tratamiento logopédico
adecuado y un tratamiento audioprotésico mediante
audífonos o implante coclear.
Un implante coclear es un dispositivo electrónico que
puede ayudar a oír a personas que sean sordas. No
restablece la audición normal, sino que proporciona al
niño sordo una comprensión útil de los sonidos
ambientales y le ayuda a comprender el habla. Es decir,
tiene una función completamente diferente a un audífono,
cuya función es tan solo, amplificar los sonidos para
que el oído pueda detectarlos. Los implantes cocleares
estimulan directamente al nervio auditivo, evitando el
oído dañado, por lo que la audición por medio de un
implante coclear lleva un periodo de aprendizaje.
El implante tiene dos partes: una externa que se sitúa
detrás de la oreja, y una interna que se coloca debajo
de la piel mediante una pequeña intervención quirúrgica.
Este complejo dispositivo viene equipado con:
Los niños que pueden recibir implantes cocleares son aquellos que presentan graves dificultades auditivas; lo más adecuado es implantarlo lo más precozmente posible. Este dispositivo les proporcionará la capacidad de conversar sin necesidad del lenguaje de signos ni de leer los labios.