La comunicación es un punto importante en la calidad de vida de los ancianos terminales. El que éstos pueden tomar con antelación voluntades, es un buen método para comunicar decisiones sobre el tratamiento y los cuidados que desean recibir al final de su vida, para que así puedan ser respetados en los casos en los que sea imposible expresar sus deseos.
El escrito de voluntades anticipadas está pensado en este sentido. Así se podría respetar la autonomía del paciente y conocer sus preferencias sobre los distintos tratamientos médicos para el mantenimiento de su vida, cuando sea incapaz de tomar decisiones. En este manifiesto el paciente da instrucciones escritas acerca del inicio, la continuidad, la negación o la supresión de formas especiales de tratamiento médicos destinados a prolongar la vida.
También las declaraciones orales debidamente verificadas tienen la misma fuerza ética y legal que las escritas.
Por otra parte, el consentimiento informado requiere que los ancianos tengan la suficiente información para entender los conceptos y la información suministrada, y así poder decidir lo que quieren con autonomía.
Los pacientes tienen el derecho a que se les diga la verdad, pero también tienen el derecho a no conocer información que no desean. Con frecuencia prefieren una verdad delicada. En ocasiones, en la práctica clínica, saber la verdad sobre la enfermedad subyacente y conocer su pronóstico, ayuda a minimizar ansiedad y temores, ya que el paciente a veces al no conocer el origen de sus síntomas crea dudas que causan aún más sufrimiento.
Una situación bastante frecuente en pacientes terminales, sobre todo oncológicos, es que la familia intente privar al enfermo de saber el diagnóstico final de su enfermedad. El médico no puede comprometerse con los familiares a no revelar información si el paciente lo desea, ya que estaría realizando lo que se denomina conspiración del silencio. Como ya se mencionó anteriormente, el paciente tiene derecho a saber lo que le ocurre, cuando así lo desee y pregunte.
Muchos de los dilemas éticos en la última etapa de la vida están relacionados con la hidratación y la nutrición del paciente. Algunos ancianos dejan de comer y de beber a causa de su enfermedad. No obstante, debe hacerse todo lo posible para descifrar las razones por las cuales la persona ha decidido dejar de comer y de beber. Descartada cualquier razón justificante, se plantean múltiples problemas éticos en este sentido. Siempre debe consensuarse con la familia y con el paciente, si es posible, las mejores alternativas a la nutrición. Se priorizará la dieta oral en lo posible, ya que ésta es la más confortable para el paciente habitualmente. Se debe estimular su interés por la comida, haciéndole participar en el menú diario, eligiendo él sus preferencias. Se aconseja que las comidas sean poco copiosas pero frecuentes, y a ser posible frías y nutritivas.
En conclusión, es necesario mejorar el cuidado en la última etapa de la vida de los ancianos. Deben desarrollarse estrategias para reducir las barreras que impiden el acceso de éstos y sus familias a los cuidados de calidad. Además los geriatras o las personas especialmente dedicadas a estas personas, deben realizar una adecuada valoración, tanto para asegurar una adecuada atención de los síntomas como para evitar que haya pacientes mal etiquetados de pacientes terminales, y puedan ser privados de tratamientos potencialmente beneficiosos.
Última actualización: del 2006
Ana Isabel Hormigo Sánchez. Médico Residente de Geriatría. H. C. San Carlos. Madrid.