Problemas éticos y legales
Aunque existen diferencias culturales en cuanto a las
exigencias éticas, en las decisiones intervienen el
médico, el anciano y/o su familia y el estado o la comunidad.
El médico es quién generalmente toma la decisión.
Ésta debe hacerse basada en los principios básicos
de la ética, que son:
- Principio de beneficencia: es la obligación
de hacer el bien al paciente, buscando su mayor beneficio.
- Principio de no maleficencia: está obligado
moralmente a no instaurar procedimientos que estén
claramente contraindicados, ni siquiera con el
consentimiento del paciente. Evitar aplicar medios
extraordinarios o desproporcionados que pudieran
suponer un encarnizamiento terapéutico.
- Principio de autonomía: defiende la libertad
que tiene el individuo, por muy mal que esté o
muchos años que tenga, para establecer sus propias
normas, valores y tomar decisiones.
- Principio de justicia: que está relacionado
con el obligado cumplimiento de las leyes que la
sociedad ha establecido. Se pueden restringir las
prestaciones como un tratamiento no indicado, caro o
escaso, ni siquiera cuando esté exigido por el
paciente, ya que los recursos disponibles son
limitados. Aquí la responsable es la Administración.
- Principio de veracidad: el médico deberá
proporcionar al anciano una información precisa,
real y adecuada, con el fin de obtener su
consentimiento informado sobre el procedimiento
diagnóstico o terapéutico a realizar. Al anciano hay
que decirle "todo lo que quiera saber y sólo lo
que quiera saber", y que todo lo que se le diga
sea verdad.
El paciente anciano es sin duda la pieza clave de la
decisión a tomar en cuidados geriátricos, por lo que
siempre habrá que implicarle en las decisiones en la
medida que sea posible. Para que pueda decidir libre y
adecuadamente, ante todo es necesario que tenga
capacidad para otorgar su consentimiento informado. El
consentimiento informado puede ser plasmado en algunos
procedimientos mediante formularios escritos, como en la
transfusión sanguínea, o bien en la historia clínica. Se
considera que el anciano tiene capacidad cuando cumple
cuatro requisitos:
- Ser capaz de expresar una elección mediante lenguaje
oral, escrito o con gestos.
- Entender y tener en cuenta todos los elementos
relevantes relativos a la toma de decisión.
- Apreciar la importancia de la enfermedad, creyéndose
la información y su trascendencia.
- Razonar esta decisión lógicamente.
A diferencia de la capacidad, la competencia es un
concepto ético-legal. Decidir si una persona cuya
ausencia transitoria de capacidad de obrar natural se
alarga con el tiempo y tiende a hacerse permanente es
una decisión más legal que clínica. En algunos casos
quién toma la decisión final sobre la competencia, si
hay conflicto, es la autoridad judicial.
La familia debe ser un elemento complementario a la hora
de una decisión terapéutica, implicándola en la toma de
decisiones en caso de incompetencia del paciente y
transmitiendo la información que el paciente acepte y a
quien autorice. Sin embargo, en la mayoría de los casos,
salvo conflicto familiar grave, las decisiones se toman
de forma mancomunada, entre todos. Por desgracia, aún
hay mucho tabú en las familias e incluso entre los
profesionales sanitarios hacia la información veraz a
los enfermos, respetando su derecho a no saber.
Teniendo en cuenta que el final del envejecimiento es
la muerte y que debe primar el hecho de que mientras
haya esperanza hay vida (y no al revés), es
importante tener en cuenta varias consideraciones al
final de la vida:
- Están penalizados por el código penal y son
contrarios a la ética y la deontología tanto la
eutanasia activa directa y voluntaria como el
suicidio asistido. La eutanasia activa directa es el
acto de producir la muerte de una persona
desesperadamente enferma, que sufre, de una manera
relativamente rápida e indolora por motivos de
compasión. El suicidio asistido es la ayuda
intencional a un paciente para que acabe con su
propia vida a petición de sí mismo.
- No está penalizada por el código penal la eutanasia
activa indirecta o adistanasia, consistente en la
sedación terminal, para contener los síntomas y
facilitar una muerte digna. Tampoco está penalizada
la eutanasia pasiva en sus dos formas: la
ortotanasia o retirada de tratamientos médicos
fútiles o no indicados o la omisión de administrar
tratamientos que han probado ser ineficaces o
contraindicados en los momentos finales como la
alimentación artificial. El objetivo de la decisión
a tomar nunca tendrá que ser la evitación de la
sensación de culpa, sino el bienestar del enfermo.
- Nunca nadie debe morir solo o con dolor o
disconfort. Se debe prestar atención preferentemente
en el domicilio o en el hospital según la
preferencia del anciano, y secundariamente a sus
familiares o cuidadores.
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Dra. Montse Queralt
Especialista en Medicina de Familia y Geriatría
Médico Consultor de Advance Medical