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Convulsiones febriles

¿Qué es?

Las convulsiones febriles son crisis convulsivas acompañadas de fiebre. Suele manifestarse como una pérdida de conciencia, rigidez o hipotonía, ojos en blanco y, en algunas ocasiones, sacudidas de brazos y piernas.

Se produce en niños previamente sanos, entre los 6 meses y los 5 años, que presentan en ese momento un pico febril de más de 38ºC.

Normalmente el episodio no dura más de unos minutos, tras los cuales el niño se recupera completamente de manera paulatina; es normal que en los primeros minutos tras cesar la convulsión el niño esté algo adormilado.

La incidencia de las convulsiones febriles son de 4 cada 100 niños. La edad de mayor incidencia coincide con el periodo donde los niños tienen más infecciones, y, por lo tanto, más episodios de fiebre.

Causas

No se sabe una causa clara de las convulsiones febriles, ni tampoco se saben cuales son los factores de riesgo para padecerlas con mayor facilidad.

Lo único que se sabe es que coinciden con la fiebre, que son leves y ceden con la maduración del niño.

A diferencia de las convulsiones que aparecen por epilepsia, estas últimas casi nunca aparecen con fiebre y suelen repetir muy a menudo.

En muchos casos existen antecedentes familiares de convulsiones febriles.

Síntomas

La convulsión febril aparece durante las primeras 24 horas de fiebre, normalmente alta (39-40ºC) aunque a menudo se detecta la fiebre después de la convulsión o bien coincide con la subida brusca de la temperatura.

El niño presenta movimientos incontrolados de cabeza y extremidades seguidos de una pérdida brusca de la conciencia, con rigidez muscular o bien una pérdida de tono (hipotonía). Normalmente las crisis duran menos de 10 minutos y los niños recuperan el estado normal progresivamente y sin secuelas. Normalmente no suelen repetir en el mismo episodio de fiebre.

Alrededor del 30% de los niños vuelven a repetir la convulsión febril, tienen más probabilidad de repetirla los niños que realizan la primera convulsión febril antes del año. El 99% de las convulsiones febriles típicas ceden y no vuelven a aparecer por encima de los 5 años.

Las crisis febriles no afectan al desarrollo del niño ni causan daño cerebral.

Diagnóstico

El diagnóstico se suele hacer después de haber pasado el episodio, por lo que narran los padres: pérdida de conciencia, movimientos anormales e hipotonía en un niño pequeño entre los 6 meses a 5 años acompañado de fiebre. No hay ninguna prueba diagnóstica para confirmar la convulsión febril.

Lo más importante es acudir al Pediatra para saber la causa de la fiebre. En los casos de convulsiones febriles atípicas: aquellas que se repiten con frecuencia, duran más de 15 minutos o bien aparecen con mínimas subidas de temperatura debe estudiarlo un neurólogo pediátrico y realizar alguna prueba.

Tan sólo 1 de cada 100 niños que han padecido convulsiones febriles padecerán en el futuro epilepsia, es una incidencia baja.

Tratamiento

Casi todas ceden por sí solas pero si, a la llegada a urgencias la convulsión no ha cedido, el Pediatra administrará al niño un medicamento anticonvulsivante y antitérmicos para bajar la fiebre.

Qué hacer ante una convulsión febril

Ante todo mantener la calma, cosa que es difícil si es la primera convulsión febril y los padres desconocen lo que le está sucediendo a su hijo.

Es conveniente evitar que el niño se golpee con algún objeto, por lo que la mejor manera de colocarlo es tumbado en el suelo. Hay que comprobar que el niño respira correctamente pero no hay que introducir ningún objeto en la boca (puede morderlo y atragantarse, produciéndose una obstrucción de la vía aérea). Hay que esperar que pase, controlando el tiempo de duración (que casi siempre es menos de lo que se piensa). Si la convulsión se prolonga más de 10 minutos hay que trasladarlo a un centro sanitario o administrarle la medicación que le ha recetado el Pediatra, si es el caso.

Si ha cedido la convulsión hay que ayudar al niño a recuperarse. En todos los casos de una primera convulsión hay que acudir de inmediato al Pediatra para que confirme el diagnóstico y trate el proceso febril.

Prevención

No es fácil dar la solución para la prevención ni tampoco es posible saber qué niños padecerán una convulsión febril.

Lo ideal sería evitar las infecciones que provocan fiebre y evitar que suba la fiebre cuando el niño tiene una infección. Esto es del todo imposible evitar los catarros y otras infecciones en los niños pequeños que acuden a la escuela o guardería, pero si que es posible evitar las enfermedades para las que se dispone de una vacuna. Evitar la subida de fiebre cuando un niño presenta una infección mediante el uso de antitérmicos (paracetamol o ibuprofeno) no ha demostrado demasiada eficacia en la prevención de las convulsiones febriles. Por lo que se aconseja no utilizar pautas diferentes al resto de niños. Lo que sí puede ser útil es administrar antitérmicos para prevenir la fiebre asociada a la vacunación durante las primeras 24 horas tras la vacuna.

No suelen darse medicamentos anticonvulsivantes para prevenir las convulsiones febriles.

Según el caso el Pediatra puede recetar alguna medicación (normalmente diazepam vía rectal) para administrárselo al niño durante la convulsión. Tener este tipo de medicación puede hacer sentir más seguros a los padres.

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Dra. Esther Martínez García
Especialista en Pediatría
Médico consultor de Advance Medical





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