La muerte súbita del lactante, por sus especiales características, conlleva generalmente un efecto devastador en las familias que pasan por ello. Resulta, obviamente, muy complicado para los padres y allegados, incluido el personal sanitario, asimilar que un niño sano muera sin que se haya podido hacer nada. La primera reacción, tras el shock inicial, es la negación de lo sucedido, seguida frecuentemente de furia e impotencia cuando se vuelve a asumir la realidad del fallecimiento. Finalmente llega la tristeza y el duelo, que va remitiendo con el tiempo.
Para afrontar y superar esta situación la familia debe recibir información y apoyo por parte de las instituciones sanitarias. Información acerca de los resultados de la autopsia y del resto de la investigación y apoyo encaminado a evitar el posible sentimiento de culpa y que el duelo se prolongue más allá de lo natural. En muchos casos se requiere la colaboración de psiquiatras y psicólogos para superar estas muertes inesperadas e incomprensibles. Los padres deben comprender que no son culpables ni responsables de estos sucesos.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.