
Conseguir una buena comunicación con los hijos adolescentes es una tarea importante, pero a la vez complicada. Por una parte, suele ser dificultoso para ellos manifestar con palabras aquello que piensan y sienten, resultándoles más fácil, en muchas ocasiones, expresarse mediante acciones, con determinados gestos y actitudes (como, por ejemplo, dar un portazo o llegar tarde a casa). Y por otra, los adolescentes suelen tener una relación especialmente compleja con los padres, ya que a la vez que continúan necesitándolos y dependiendo de ellos en muchos aspectos, también tienen la necesidad de diferenciarse de los mismos y empezar a construir su propia identidad. Por este motivo, será natural que se muestren reservados, cuestionen, se nieguen y pongan a prueba lo establecido hasta el momento por sus progenitores.

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Los padres deben utilizar un tono de voz amable, positivo y cercano. Es conveniente evitar una posición excesivamente autoritaria y facilitarle también las razones o los motivos por los que se le está pidiendo algo, poniendo un límite, etc. Puede ser de utilidad darle la posibilidad de revisar conjuntamente determinados límites o normas, negociando con él nuevas concesiones o flexibilizándolos. Este hecho propiciará un mayor compromiso por parte del adolescente, a la vez que le facilitará el desarrollo de habilidades de comunicación y negociación.