Comer de forma saludable en el trabajo
El ritmo y el cambio en los roles de la vida diaria han
generado una serie de modificaciones en nuestros hábitos
diarios de alimentación. Con la incorporación de la
mujer al trabajo y la falta de tiempo cada vez es más
frecuente que la gente coma fuera de casa.
En la alimentación es necesario conservar el equilibrio
que suministre en su justa medida las sustancias que
necesitamos para nuestra vida diaria. Y sobre todo para
quienes comen fuera de casa, es vital que aprendan a
nutrirse adecuadamente.
La forma en que comemos fuera puede ofrecer alternativas
muy diversas:
- Fast-food (“comida rápida” o “comida basura”), esta
dieta suele incluir muchas grasas de origen animal
(que favorecen la aparición de altos niveles de
colesterol), pocas verduras y legumbres (cuando
éstas son altamente recomendadas en la prevención
del cáncer), demasiada sal (que a medio plazo aporta
un alto riesgo de hipertensión), pocas o ninguna
vitamina, y unas proteínas e hidratos de carbono sin
muchas cualidades nutricionales (lo que implica un
desequilibrio energético y de los nutrientes necesarios).
- La “dieta de fiambrera” traída de casa significa, al
menos, cocina casera. Hay que tener un especial
cuidado, en este caso, de reservar siempre espacio
para verduras y fruta fresca, que mantengan las
vitaminas y propiedades nutricionales que en muchos
casos pierde la comida caliente (sobre todo con el
paso de las horas).
- En cuanto a los restaurantes o los menús de los
comedores de empresa, depende de nosotros la
correcta elección de los platos a elegir, que
diariamente conformarán nuestra dieta. Cuando se
coma fuera de casa, se deberían mantener siempre la
mayor variabilidad posible en los platos y comidas.
Algunas recomendaciones para optimizar la dieta en ambos
casos incluyen:
- Buscar comidas con pocas grasas.
- No abusar de la sal.
- Preferir los platos hervidos o a la plancha.
- Enfatizar el consumo de pescado sobre el de carne.
- Pedir entrantes de ensalada fresca, aliñada con
aceite de oliva.
- Tomar frutas de postre, o sorbetes de fruta.
- Evitar los “snacks” dulces: puede incluso que sean
bajos en grasas, pero muy altos en calorías.
- No se salte comidas; mejor un mayor número de
pequeñas comidas que pocas muy abundantes.
- Evitar en todo lo posible las comidas “fast-food”.
- Cuidado con las salsas y los condimentos envasados:
suelen tener mucha sal. Sustituirlas en lo posible
con (por ejemplo) zumo de limón.
- Evitar en lo posible las patatas fritas,
sustituyéndolas por patatas cocidas o guarniciones
de verdura.
- Cuidado con los embutidos, salchichas, etc: tienen
mucha grasa y mucha sal.
- Las carnes deben estar suficientemente cocinadas,
sin sangre en su interior.
- Prevención con ciertas salsas (como la mayonesa) en
verano: preferiblemente, siempre se deben elegir las envasadas.
Estas sencillas normas pueden lograr que comer fuera de
casa sea tan saludable como en casa. Y sobre todo, tan
seguro y placentero. Si puede comer acompañado, hágalo:
será mucho más relajado, y tanto la ingesta como la
digestión serán mejores (aparte de más placenteras). Es
recomendable caminar tranquilamente un poco tras la
comida, favorecerá la digestión.
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Dra. Eva Ormaechea Alegre
Especialista en Medicina Intensiva
Medico consultor de Advance Medical