Accesos de llanto, dolor abdominal e irritabilidad paroxísticos que afectan al lactante entre el primer y el cuarto mes de vida.
Suelen acompañarse de distensión abdominal, encogimiento de piernas, enrojecimiento facial, palidez alrededor de la boca, pies fríos, puños cerrados,... Tienen lugar durante más de 3 horas al día (últimas horas de la tarde, inicio de la noche), más de 3 días a la semana.
El origen de este trastorno no se conoce, aunque se barajan distintas posibilidades: exceso de gas intestinal o de movimientos intestinales, sobrealimentación, hipersensibilidad a componentes de la dieta, problemas en la relación paterno-filial, "niños llorones",... En cualquier caso, es un cuadro benigno y transitorio, siendo rara su persistencia más allá de los 3 meses de edad.
No hay ninguna medicación que elimine el problema, sí existen recomendaciones para afrontar estos episodios con menos angustia. Lo fundamental es mantener la tranquilidad para que el niño no empeore al percibir un ambiente crispado en la familia.
Amamantamiento en un lugar tranquilo y en el que la madre se encuentre relajada. Hacerlo con el bebé erguido y no acostado.
Tras la toma, ayudar al lactante a que expulse los gases y no tumbarlo inmediatamente después de la misma, sino mantenerlo en brazos meciéndolo a un ritmo regular y mientras se camina despacio.
Trasladar la hora del baño a la noche, después de la toma nocturna.
Ofrecerle un chupete, con la succión se relaja su estómago.
Un paseo en coche, el ruido constante y monótono de los electrodomésticos y la música suave pueden lograr que se calme.
Masajear al bebé. Se le coloca tumbado boca arriba y sin el pañal y se deslizan las manos por su abdomen en sentido circular. Posteriormente, se flexionan las piernas del bebé hasta que sus rodillas contacten con el abdomen, comprimiéndolo. Estos ejercicios se repetirán varias veces.
Última actualización: del 2006
Marta Bueno Barriocanal.